jueves, 19 de febrero de 2026

WWII


"La guerra debe terminar, no por una derrota militar, sino porque el mando ha perdido la razón o sirve a otros fines". Rommel.

 

Lejos de la épica histórica convencional, no es imposible pensar que los dos bandos de la contienda mundial se encontraran bajo el mismo mando y control de la élite financiera y manipulados por los intereses que pretendían la aniquilación física de Europa para traer un nuevo orden económico global, en el escenario posbélico de la reconstrucción posterior a la guerra. Todo ello, bajo el contraste objetivo del hecho de que ciertas industrias estratégicas no eran sentenciadas bajo el dictado de los efectos de las bombas, por lo que la situación hacía presagiar la confirmación de un tablero cuyo resultado estaba decidido de antemano por quienes manejaban el dinero. En África, la falta de combustible y suministros de Rommel era inversamente proporcional a la navegación del petróleo de la Standard Oil por otras rutas logísticas del Mediterráneo, por lo que es lógicamente deducible que la propia canalización de recursos alemanes, podría estar siendo saboteada desde dentro de sus propias filas, con el fin de prolongar la guerra en otros frentes y destruir los recursos de las potencias litigantes. Sólo así, se explica la inacción de las divisiones Panzer durante el Día D, bajo el control directo del Alto Mando de la Wehrmacht OKW, y la estricta orden directa de Hitler de no movilizar las unidades blindadas en las costas del desembarco, contraviniendo la voluntad del mariscal. Rommel, en ese momento, fue testigo de que Alemania estaba siendo invadida y destruida a tenor del dictado de ciertas élites que manejaban la industria militar de ambos bandos. James Perloff, en su obra "The Shadows of Power", argumenta que la Segunda Guerra Mundial no fue un conflicto sometido a la explicación convencional histórica, sino una maniobra del Council on Foreign Relations, CFR, y la gran banca internacional. Por su parte, Guido Giacomo Preparata, en su libro "Conjuring Hitler", analiza el ascenso de Hitler al poder gracias a la colaboración de la élite financiera anglosajona. Por último, Charles Higham en su libro "Trading with the Enemy", documenta como el Chase Bank, la empresa Ford o la ITT norteamericana hacían suculentos negocios con los nazis, bajo la agónica carencia de combustible en el ejército de Rommel.

A lo largo de la contienda mundial, el Banco de Pagos Internacionales, BPI, con sede en Basilea y compuesto por bancos centrales de ambos lados, estuvo presidido por Thomas McKittrick, bajo cuyo mandato los banqueros del Tercer Reich y los Aliados se sentaron en la misma mesa de negociación en Suiza para gestionar, entre otros activos, el oro robado por el gobierno nacionalsocialista. Dicha actividad, garantizaba que, al margen del resultado de la guerra, el sistema financiero global siguiera funcionando y que, a través de una red de países neutrales, el material necesario para alimentar la guerra fluyera entre Alemania y Estados Unidos. Para la élite financiera de la City, la confrontación entre Alemania y Rusia supuso una operación diseñada bajo el control y estabilización de los mercados europeos, tras el reseteo posterior a la fase de destrucción del suelo europeo.