Si
bien la ONU carece de legitimidad en términos absolutos, en cuanto a la
percepción de su papel relevante a la hora de resolver conflictos, no deja de
ser un foro de representación a nivel mundial, si exceptuamos aquellos actores que,
por su vital influencia y capacidad de poder real, no se ven representados por
no tener la categoría de países miembros. La existencia de una auténtica cámara
de representación; que pudiera hacer a los sujetos partícipes de la realidad
financiera, económica y política, enarbolar la acción de diálogo y resolución
de las reglas de juego internacionales, unidas a la calificación de los
recursos naturales como bienes de dominio público internacional, regidos bajo
el principio que los vinculara al patrimonio común de la humanidad y sujetara a
la explotación por parte de entidades sujetas a regulación y control; podría
evitar la mayor parte de las amenazas actuales frente a las crisis económicas y
militares que asolan el escenario internacional y precipitan a la humanidad al
borde de un conflicto de alcance global.