Si ya nada lo
remedia, la conclusión inevitable que arroja un escrutinio insalvable determina
la irremediable colusión explícita de una élite y el final de los valores de la
milenaria civilización occidental. El control que podrá llegar a ejercer la
nueva tecnología que se está implantando, como herramienta de gestión de datos
a gran escala de todos los ciudadanos, permitirá diagnosticar patrones de
conducta, gestionar a la sociedad en su conjunto y ejercer una manipulación
unilateral, sin ninguna arquitectura posible de contrapesos. La asimetría de la
información, provocará que el poder sabrá todo sobe el ciudadano, y éste nada
sobre el funcionamiento de la maquinaria de aquel. Pero lo más preocupante, es
que el nuevo sistema permitirá el uso de algoritmos predictivos, que podrán
castigar conductas antes de que ocurran, terminando así con toda la tradición
jurídico-penal basada en la presunción de inocencia, el valor de la prueba y la
universalidad y publicidad de la ley. De este modo, ya no existirá un código de
leyes ordenadoras de la sociedad, sino que aquel será sustituido por un ojo que
vigilará a modo de amenaza de castigo a una población observada bajo la lupa de
la tecnología al margen de cualquier parlamento.
Iberos
"Un pedazo de pan, un vaso de agua, un buen libro". Galdós.
viernes, 1 de mayo de 2026
Manifiesto Palantir
domingo, 12 de abril de 2026
República
El gran trauma que define la historia
contemporánea de España, arraigado tras la invasión napoleónica de 1808, no fue
sino la división ideológica que partió definitivamente la convivencia a partir
de entonces. Ese choque divisionario entre dos cosmovisiones diametralmente
opuestas e irreconciliables, al más puro estilo orteguiano, puede catalogarse
como la materialización de la idea de la desvertebración de España. La
tradición, “Dios, Patria y Rey”, sostenida sobre la identidad del viejo orden
unido al catolicismo y la monarquía, se posicionaron frente al liberalismo desintegrador
de la esencia nacional y edificador de un nuevo concepto de país forjado a la
luz de las Cortes de Cádiz. El clero, el campesinado y parte de la nobleza
quedaron enemistados frente a las clases urbanas, parte del ejército y la
burguesía intelectual. Surgieron así las dos Españas, que no han dejado de
teñir el pasado más reciente con la sangre de los enfrentamientos que han ido
sucediéndose, a intervalos de mediada paz o polarización más o menos exacerbada.
Para el filósofo, las facciones en su afán por alimentar el enfrentamiento, no
han hecho sino esforzarse en saciar sus propios intereses, antes que sostener
la idea de nación como un todo, a lo que habría que añadir la ausencia de una
minoría selecta capaz de guiar a la masa hacia una modernidad no ausente en el
respeto de la historia española y su unidad como nación. Como analizaría Ortega
en su obra “España invertebrada”, ese fue el momento de la pérdida de un
proyecto común.
José
Ortega y Gasset fue uno de los padres del proyecto republicano de 1931, que
terminó con la monarquía de Alfonso XIII que, a su vez, había apoyado la
dictadura de Primo de Rivera. Junto a Gregorio Marañón, Miguel de Unamuno y
Pérez de Ayala publicó un manifiesto con el que hacía un llamamiento a la intelectualidad
y a la clase media para derrocar al rey con la finalidad de traer una República
como proyecto nacional. Con el inicio de la andadura republicana se dio paso a
la violencia, la quema de conventos, la radicalización de la izquierda, el auge
del secesionismo y los desórdenes públicos que caracterizaron al nuevo orden de
gobierno, por lo que pronto Ortega enunció su famosa frase, "¡No es esto,
no es esto!".
El
sueño de convertir a España en una nación de instituciones sólidas, que podría
identificarse en la actualidad con el modelo de la república gaullista o el
parlamentarismo británico, ha constituido el ímpetu que ha impulsado el sueño
ilustrado de un liberalismo incapaz de lidiar con el espectro más radical de la
progresía o el polo opuesto anclado en la tradición. Para eludir los muros
internos, Europa ha aparecido siempre como una unidad de destino y como una
idea de cultura a la que abrazarse para aminorar el temporal, sin embargo, el
discípulo de Ortega, Julián Marías, criticó muy al final, a pesar de ser un
europeísta convencido, como la Unión Europea surgida tras la última contienda
mundial no se había asentado como la idea de un proyecto de vida, sino como una
unión meramente económica. La máxima "España es el problema, Europa la
solución", ha desembocado en un silogismo resolutorio fallido, al menos desde
el enfoque como crítica al resultado actual, no al ideal original de los “Estados
Unidos de Europa”. El Viejo Continente hoy, se ha convertido en el baluarte de
la desintegración de las identidades nacionales y todo aquello que el
pensamiento orteguiano, continuado por Marías, representaba; los valores
compartidos, la cristiandad, la tradición de la filosofía griega y el
pensamiento jurídico romano y, por encima de todo, la libertad individual. Lejos
de cualquier elevado ideal, la Europa de los mercaderes ha traído la hiper-regulación,
el déficit democrático, la inmigración masiva, la descristianización, la desintegración
civilizatoria tras la raigambre del pensamiento único y una invertebración
todavía mayor con el auge de los nacionalismos.
sábado, 4 de abril de 2026
Cicerón
"Estamos sujetos a las leyes
para que podamos ser libres”. Cicerón.
La tiranía del positivismo impera. Figuras como Hans
Kelsen, adelantaron que el Derecho no es sino un sistema de normas creadas bajo
el amparo de la separación entre la ley y su nexo moral, así, lo que es legal
es lo justo, siempre que se haya creado por el cauce legislativo oportuno y
bajo el procedimiento correcto, al margen de cualquier otra valoración, ya sea
ética o religiosa. La “ley es la ley”, aporta, por tanto, seguridad jurídica,
aunque ésta no sea sino la manifestación de la dictadura del positivismo
jurídico y la relatividad filosófica. "El hombre nace libre, pero en todas
partes está encadenado”, sentenciaba Rousseau, bajo el fragor de la Revolución
Francesa, en su intento por socavar los cimientos del absolutismo para
reemplazarlo por la voluntad de la razón. Nacía así, bajo el impulso de los
filósofos de la Ilustración “El espíritu de las leyes” de Montesquieu, como teoría
de la división de poderes, “El contrato social” de Rousseau que legitima el
origen del poder en el pueblo, o la defensa de las libertades civiles de
Voltaire. Todo ello, bajo la atenta mirada de Diderot y el enciclopedismo, que
trataba de democratizar el conocimiento y terminar con la ignorancia y la
superstición. La Ciencia Política en general y el Derecho en particular,
arrancan de los principios revolucionarios, como si antes no hubiera existido
nada y, por generación espontánea, la humanidad hubiera despertado del laxo
sueño del letargo tras guillotinar a Luis XVI.
Marco Tulio Cicerón, uno de los más grandes oradores
de la República Romana, introdujo la filosofía griega en la praxis de la
oratoria y las leyes de Roma. Sus obras “De Re Publica” y “De Legibus”,
“La República” y “Las leyes”, constituyen la esencia de la civilización
occidental y la génesis de su ciencia política y las bases del
constitucionalismo moderno. En “La República”, reflexiona sobre cuál debería
ser el Estado ideal, definiéndolo como res
publica, o cosa del pueblo, entendiendo a éste como un acuerdo común entre
derecho y comunidad, sentando los pilares fundacionales del contrato social de
la teoría postrera de Rousseau. Para Cicerón, todas las formas de gobierno,
monarquía, aristocracia y democracia eran de naturaleza corruptible, por lo que
debía llegarse a una constitución mixta de todas ellas para lograr un
equilibrio de poder, basado en la defensa de la libertad, la igualdad y la
limitación del poder. El gobierno mixto así entendido, estaría constituido por
una combinación de elementos monárquicos en el Consulado, aristócratas en el
Senado y populares en los Comicios y Tribunos. La ley no sería la decisión consensuada
del pueblo reunido en una asamblea o la voluntad expresada por un tirano, sino
la recta razón armoniada con la ley natural que, al ser de origen divino,
relacionaría el vínculo directo existente entre Dios y el hombre, como expresión
de su carácter inmutable, siendo justa si tiene una base moral y es acorde con
la virtud. Sería más tarde Kant, quien matizaría la introspección de esa ley
moral como Imperativo Categórico, "Obra sólo según una máxima tal que
puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal". En el libro
final de su obra, Cicerón concluye con el Sueño de Escipión, en el que aborda
la recompensa que espera a los hombres de Estado, una vez dedicada su vida a proteger
y engrandecer a la República, considerando que el servicio público es la más
alta virtud y el lugar de honor que el destino guarda a quienes atienden el
equilibrio de la justicia.
miércoles, 1 de abril de 2026
Eugenesia
Aunque hablar de eugenesia pueda parecer un término
asociado principalmente a las practicas llevadas a cabo bajo el régimen de la
Alemania nacionalsocialista, lo cierto es que tal concepto hunde sus raíces
profundas en el pensamiento social y la biología decimonónica, de la mano de un
familiar directo de Charles Darwin, el británico Francis Galton, a quien se
atribuye su origen formal, precisamente bajo la inspiración e influencia de la
obra “El origen de las especies”. La idea consiste, según Galton, en que, si
los animales llevan a cabo una cría selectiva, la humanidad podría mejorar a
los individuos de igual forma a través de la práctica eugenésica. El darwinismo
social considera, así, a una clase social, la de los inadaptados, prescindible,
debido a condicionantes como la pobreza, la criminalidad, las taras genéticas o
los factores socioeconómicos. Si a todo este despropósito, sumamos la teoría
malthusiana, acreditada en la obra del clérigo y economista Thomas Robert
Malthus, formulada a finales del siglo XVIII, cuyo pilar se sostiene sobre la
discrepancia habida entre el crecimiento exponencial de la población frente al
crecimiento aritmético o lineal de los recursos para alimentarla, logramos
llegar a un coctel letal por necesidad. Según Malthus, si no se controla el
crecimiento poblacional, los recursos alimentarios crecerían a un nivel menor,
por lo que habría que corregir el desequilibrio mediante frenos voluntarios,
como el control de la natalidad o el aumento de la tasa de mortalidad mediante
epidemias, guerras, crisis económicas o desastres naturales. La trampa
malthusiana, describe la situación en la que cualquier desarrollo tecnológico
aumentaría la producción de alimentos y, por ello, la población, entrando en un
círculo vicioso de subsistencia.
Todas
estas teorías, dejaron de serlo en el momento en el que se convirtieron en
políticas públicas basadas en esterilizaciones forzadas, higiene racial o la
política del hijo único durante el siglo XX y, ya entrados en el XXI, en
políticas de ideología de género o legalización de matrimonios igualitarios,
prácticas abortivas y, más recientemente, la eugenesia eutanásica. El neomaltusianismo
actual es, además, de corte ambiental, basado en la escasez de recursos como la
energía, las tierras raras o el agua potable, el cambio climático, el exceso de
población, la economía basada en el consumo desenfrenado o la degradación
medionambiental.
sábado, 14 de marzo de 2026
Rusos blancos
"Los hemos expulsado porque no había motivo para fusilarlos y era imposible soportarlos". Trotsky.
La Revolución de 1917, no sólo supuso una guerra civil
interna que condujo a la familia imperial al abismo, sino una limpieza social
sin precedentes. El "Barco de los Filósofos" (Filosofski parojod),
condujo al exilio a la intelectualidad que no comulgaba con el bolchevismo. Las
mentes más brillantes, se libraron así de una muerte segura, dado su prestigio
internacional y, a expensas, del escándalo internacional que hubiera supuesto
su ejecución.
Lenin
escribió a Stalin ordenando la deportación de los intelectuales, bajo la suerte
de la práctica del pragmatismo revolucionario; "los fusilaríamos, pero son demasiado famosos. Los expulsaremos
para que no corrompan al pueblo".
El
filósofo Nikolái Berdiáyev, el sociólogo Pitirim Sorokin, el escritor Vladímir
Nabókov o la poetisa Marina Tsvetáyeva, se vieron obligados a albergar los suburbios
parisinos en el exilio. Los rusos blancos, partidarios del zar, no sólo se
redujeron a los aristócratas y nobles de la corte de los Romanov huidos de las
entrañas de la revolución, sino que se extendieron a intelectuales y militares
del Ejército Blanco. El legado cultural que dejaron enriqueció profundamente a
Francia, a pesar de su condena, en no pocas ocasiones, a vivir bajo el dictado
de una pobreza extrema y a mantener la llama viva de la vida literaria en los
cafés de Montparnasse, como La Coupole o La Closerie des Lilas, en los que se
reunían el futuro Premio Nobel Iván Bunin y el resto de la élite
intelectual, y que constituyeron el núcleo donde se fundaron editoriales y
periódicos como Poslednie Novosti, en el que los escritores publicaban sus
columnas para la comunidad rusa en el exilio. Aunque París fue el epicentro de
la huida, España también recibió rusos blancos, aunque en menor número y con un
perfil muy distinto. Mientras en París se forjó una Rusia cultural, en España
la presencia rusa sirvió como puente literario para la traducción directa de
grandes autores como Chéjov, Gorki o Andréyev. Tras el estallido de la Guerra
Civil en 1936, muchos rusos blancos que vivían exiliados en Francia o Bruselas
vieron en España el escenario perfecto para continuar su lucha contra el
bolchevismo, formando un contingente de voluntarios en
el bando sublevado, e ingresando en las filas de Requetés o en la Legión. La
sierra madrileña en general, y El Escorial en particular, se convirtieron en
parte del refugio de la alta nobleza rusa vinculados a la familia imperial y a
la nobleza georgiana, en búsqueda de la paz que no ofrecía una Europa que, más
tarde, sucumbiría a los estragos y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.
viernes, 13 de marzo de 2026
La España bolchevique
La táctica principal de Lenin, descrita en las Tesis de
Abril, no era otra que lograr la sustitución del sistema, en lugar de su reforma.
Es decir, ocupar el Estado a través de las instituciones, los medios de
comunicación o la educación. Para ello, era conveniente, antes que nada,
polarizar la sociedad, para introducir más tarde el concepto de la lucha de
clases, hoy adaptada a la sociedad de consumo, mediante un discurso elaborado
frente a un enemigo imaginario, la ultraderecha, habida cuenta del rigor de su
inexistencia como fuerza política con opciones reales de gobernar. El eje PSOE
y sus socios de coalición, persigue la estalinización institucional, para
ocupar y someter las estructuras de control del Estado. Previamente, ha sido
necesario realizar una purga interna del partido, al igual que hizo Stalin con
la vieja guardia revolucionaria, neutralizando a los constitucionalistas del 78
y, sustituyendo su vacío, por los de clara orientación globalista. Todo lo que
no esté hoy alineado con el globalismo, se deslegitima bajo la hidalguía de lo
antidemócrata, aunque la categoría agendística que atesora la dirección
estratégica del Gobierno, asuma en su seno a las minorías que buscan la ruptura
de España. La dictadura del proletariado, ha sido sustituida por el multiculturalismo,
el control de la identidad mediante el algoritmo y por una masa clientelar sustitutiva
de la sociedad civil, dependiente de la colectivización del sustento. En la
España bolchevique de la agitación y la propaganda, el feminismo o el ecologismo
radical no son sino entidades subvencionadas con dinero público, que actúan
como nuevos comisarios políticos, vigilantes del pensamiento único aplicado a
la erosión de la libertad individual, como elemento de control social. Para
cerrar el círculo de la ingeniería social, la inmigración masiva y
descontrolada que está aumentando los niveles de delincuencia y abaratando los
precios de la mano de obra que beneficia a los grandes empresarios, no es un
fenómeno humanitario, sino una herramienta de sustitución y consolidación del
poder, a través de la nacionalización del voto y reserva del dumping laboral. Los
salarios a la baja, destruyen el poder de negociación de la clase trabajadora,
abocándola a la precariedad y haciéndola dependiente de los subsidios
estatales. Todo ello, para que el delegado de la agenda globalista en el Gobierno,
actúe como el ejecutor de las políticas emanadas de organimos supranacionales,
como Davos o la Comisión Europea, en una geopolítica de sumisión en política
exterior, y un soberanismo de colectivización y control estatal en política
interior. Bajo el paraguas de la OTAN, esta estrategia resulta ajena a los
intereses nacionales y servil a los dictados del dominio anglosionista y la
alta finanza internacional; un oxímoron irrefutable donde la izquierda,
supuesta defensora de la justicia social y la lucha contra el poder
capitalista, abandera ahora su lucha ideológica.
miércoles, 4 de marzo de 2026
Guerra de Irán
Aunque
hablar de Siria sea sinónimo de referirse a un país de mayoría musulmana -compuesto mayoritariamente por sunníes, una minoría de alauíes y una todavía
más reducida población drusa-, los cristianos sirios constituyen una de las
comunidades más antiguas, vinculadas al origen mismo del cristianismo en
Antioquía. De hecho, todavía existe una zona geográfica en la que se habla el
arameo, la lengua de Jesús de Nazaret. Desde la guerra de Siria, el Estado Islámico
ISIS o Daesh, y el grupo Hayat Tahrir al-Sham (HTS), liderado por Ahmad
al-Sharaa, han llevado a cabo persecuciones y matanzas de estos grupos
religiosos minoritarios, hasta el punto de haber quedado diezmados por el
trauma y la emigración masiva, huyendo de una limpieza etnorreligiosa.
Otra
comunidad asentada en el valle del Nilo, también cristiana, es la de los coptos, descendientes directos de los
egipcios originales que habitaban la región en la época de los faraones. Según
la tradición, su nacimiento se vincula a la iglesia fundada por san Marcos en
Alejandría, alrededor del año 42 d.C. Su lengua puede testimoniarse como el
último eco de los faraones de Egipto. Grupos afines al ISIS están perpetrando
ataques mortales contra iglesias de este grupo religioso en El Cairo o Alejandría,
secuestrando mujeres, forzando matrimonios y realizando conversiones obligadas
al islam.
El
pueblo judío tiene su origen en las poblaciones semíticas de Canaán, hace unos
tres mil años. Después de la diáspora, tras la dominación babilónica y romana,
los judíos se dispersaron por el mundo. Hoy, esta comunidad está integrada por
los mizrajíes (asentados en el Medio Oriente y la parte norte de
África, son los judíos que no salieron de la región, y se establecieron en
países como Irak, Irán o Yemen), los sefardíes (asentados en la península Ibérica,
España y Portugal, expulsados en 1492, y
refugiados en el Imperio otomano, los Balcanes y el Magreb), y, por último, los asquenazíes, oriundos del centro de Europa, que se asentaron en países como
Alemania y Francia durante la Edad Media y luego se expandieron a otros como
Rusia y Polonia.
Aunque
pudiera parecer contradictorio, dados los acontecimientos de plena actualidad
en Medio Oriente, los árabes -incluidos los palestinos de la zona de Gaza,
libaneses, sirios y jordanos- tienen un origen común, los antiguos cananeos de
la Edad del Bronce. De este modo, los pueblos semitas pueden ser definidos como
aquellos pueblos que hablan lenguas de la familia del cananeo, hebreo o arameo
y, cabe señalar, que estas poblaciones han vivido de forma ininterrumpida a
lo largo del tiempo en la misma tierra. Gaza ha recibido, además, el influjo de
la cultura egipcia desde hace tres mil años.
Los
judíos de Teherán, e Irán por extensión, constituyen a su vez una de las comunidades
más antiguas de la humanidad. El rey Nabucodonosor II, tras destruir el Templo
de Jerusalén, se llevó cautivos a los judíos a Babilonia, la región comprendida
entre los actuales Irak e Irán. El rey persa Ciro, tras conquistar Babilonia, les
permitió regresar a su tierra; sin embargo, una parte de la población judía decidió
quedarse, estableciendo comunidades que han perdurado dos mil años hasta hoy.
La facción de asquenazíes -los líderes del sionismo actual y los padres del Estado moderno de Israel-, sumada a la rama judía de los jázaros (compuesta por los judíos que emigraron al oeste de Europa, Hungría o Polonia y se convirtieron en la base de la población asquenazí, según Arthur Koestler, autor de “La decimotercera tribu”), son quienes dominan los gobiernos de Estados Unidos e Israel, así como sus respectivos servicios de inteligencia y la alta finanza internacional. Fruto de los intereses geopolíticos y geoeconómicos en la región, las víctimas mortales del conflicto militar no son otras que el auténtico pueblo judío, los cristianos originales y los árabes o persas de la región, que han convivido en no pocas ocasiones a lo largo de milenios compartiendo el mismo vecindario. El estallido del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, supone por un lado una paradoja, que pone de manifiesto no una contradicción, sino una evidencia, que no es otra que el poder anglosionista y masónico constituye la fuerza que domina el tablero de ajedrez mundial, bajo la práctica del divide et impera, manteniendo el conflicto vivo entre pueblos que comparten una raíz genética, geográfica y cultural propia, en favor de sus propios intereses económicos y la apropiación de los recursos ajenos.