sábado, 15 de agosto de 2026

La sociedad civil contra el jacobinismo


        El historiador y sociólogo Pierre Rosanvallon, analizando la historia política de Francia, logra a través de su obra una interpretación de incipiente interés para el caso español que nos ocupa, esto es, la desintegración de nuestro Estado. El autor galo parte del peso centralista que tradicionalmente le había sido asignado al modelo político francés, jacobino por antonomasia, para llevar a cabo una sutil corrección y determinar que esa idea de un Estado fuerte frente a una sociedad pasiva no es del todo exacta, demostrando que el papel de la sociedad civil ha jugado un rol importante como eslabón de resistencia frente a ese centralismo rígido, rompiendo la idea de ser un bloque monolítico. Las demandas sociales son, en consecuencia, tenidas en cuenta frente una de las características fundacionales revolucionarias, como había sido la de prohibir aquellos elementos gremiales o asociacionales que pudieran interponerse entre el Estado y el ciudadano.

         Es, por tanto, un elemento fundamental de la sociedad francesa la organización de la sociedad civil a través de sus elementos asociacionistas, cooperativistas o mutualistas, como un modelo que resume la historia reciente a expensas del resultado de la búsqueda del equilibrio entre la democracia francesa y sus diferentes tensiones internas. Frente a un incuestionable colapso institucional, como es el caso español actual, ese modelo de autogestión y la búsqueda constante de contrapoderes se erigen en la determinación de una necesaria instauración de la revitalización de la sociedad civil como eje de canalización de la libertad y la democracia frente a la inacción o despotismo estatal.

domingo, 9 de agosto de 2026

El okupa de la Moncloa


“Banco Santander, y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, alterna la colaboración institucional en grandes metas económicas y ecológicas con fuertes desencuentros fiscales. Ana Botín, ecologista y feminista: la cara humana de la española más influyente en el mundo”. elespanol.com

 

            George Soros es un inversor y magnate financiero de origen judío cuya familia sobrevivió al Holocausto falsificando sus documentos de identidad para hacerse pasar por cristianos y colaborando con los nazis en la confiscación de bienes a los judíos perseguidos. En varias entrevistas ha reconocido públicamente su carencia de escrúpulos y moralidad. Entre otras acciones, que así lo corroboran, figuran la quiebra del Banco de Inglaterra o el sistema de pensiones de algún que otro país. Al margen de sus inversiones, utiliza su importante fortuna para crear fundaciones de la Open Society, dedicada a financiar la agenda woke y progresista 2030 y crear una red de medios de comunicación y políticos afines a su causa. Algunos analistas internacionales lo sitúan como un simple subalterno de la familia Rothschild.

            La primera persona que recibió como presidente de Gobierno a George Soros en la Moncloa fu su adlátere, Pedro Sánchez, sin cámaras ni medios de comunicación. Un líder que ganó las primarias de su partido a través del pucherazo realizado en el Comité Federal, que fue elegido en 2018 tras perder las elecciones después del triunfo de la moción de censura contra Rajoy, que consiguió mantenerse en el poder gracias a la fontanería del PSOE y la gestión del voto por correo y que ya está preparando con la Ley de Nietos y la instrumentalización de la inmigración su continuidad como okupa del sillón presidencial.

¿Cui prodest?

            Al tiempo que el pueblo español es más pobre desde la llegada de Pedro Sánchez al poder, como consecuencia del incremento de la presión fiscal, la pérdida de convergencia en la renta per cápita frente al entorno europeo, el aumento de la deuda pública o la inflación, las empresas del IBEX 35 han registrado un récord histórico superior a los 65.000 millones de euros en los últimos ejercicios cerrados desde 2018, impulsado fuertemente por los márgenes de la banca y el sector energético.

viernes, 7 de agosto de 2026

Israel

 

“El Parlamento de Israel debatirá reconocer la independencia de Cataluña y el País Vasco”. okdiario.

 

En mayo de 2024, la diputada israelí Shrarren Haskel dirigió una misiva al primer ministro Netanyahu, solicitando al Consejo de Ministros hebreo que elevase al pleno el reconocimiento formal de la independencia del País Vasco y Cataluña. Conocidas y públicas son las relaciones habidas, secretas o no, entre el País Vasco y Cataluña, es decir entre ETA y PNV o la banca catalana del pujolismo con el Estado de Israel, que no sólo se han limitado a establecer contactos puntuales o periódicos, sino a desarrollar operaciones y actividades del Mossad en territorio español, ya fuera en tiempos de la República, para minar el régimen franquista o bajo el reciente periodo democrático. La contribución a la balcanización de España, vía financiera o de apoyo material u organizativa, ha sido promovida desde el exterior de forma continua hasta eclosionar en los recientes acontecimientos de Ceuta y Melilla, o al menos esa es la tesis de no pocos analistas internacionales que sitúan al eje Israel-Marruecos como el tándem junto a EEUU que pretende directamente debilitar a España y la Unión Europea en su posición de garante del Estrecho de Gibraltar. Trump así lo ha manifestado en público, instando con su apoyo a que Marruecos se haga con el control de los territorios españoles ubicados en África, al tiempo del apoyo directo a España por parte de su homólogo Andy Burnham, guardando las apariencias de cara a la galería.    

domingo, 2 de agosto de 2026

Gibraltar


            En 1941, la Wehrmacht diseñó un plan de invasión de Gibraltar, la Operación Félix, consistente en la realización de un ataque combinado de las fuerzas armadas alemanas para neutralizar la roca. La falta de un acuerdo final entre el régimen español y el alemán impidieron llevar a cabo una operación del todo viable sobre el terreno para recuperar la soberanía española y poner término a la última colonia, así reconocida por Naciones Unidas, bajo el eufemismo de territorio no autónomo, junto a otros diecisiete entre los que se encuentra como pendiente de descolonización el Sáhara occidental.   

            El 13 de julio de 1713, el Tratado de Utrecht, cedió a la Corona británica la propiedad de la plaza española, según reza su artículo X:

"El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno”.

En virtud del mencionado artículo, se cedió únicamente la localidad, el castillo y el puerto, sin otra jurisdicción territorial, quedando terminantemente prohibida la comunicación terrestre con España, el contrabando de mercancías; las provisiones, no podían llegar sino bajo condiciones estrictas y pagando los correspondientes derechos de aduanas; y estableciendo una cláusula en virtud de la cual, la Corona española tendría derecho prioritario para recuperar su territorio cedido en caso de que Gran Bretaña decidiera renunciar a su posesión.

Una serie de epidemias, hicieron que las autoridades británicas solicitaran a las españolas la ocupación por razones humanitarias de la superficie actual. Así Gran Bretaña extendió su presencia, sin retirarse pasada la crisis sanitaria. El actual Gibraltar, que incluye la ocupación ilegal del istmo, la parte donde discurre la población, las instalaciones militares y el aeropuerto, nunca fueron cedidas en términos estrictamente legales. Tiempo después, las autoridades españolas cayeron en la cuenta de que debían haber solicitado el retroceso británico a las condiciones establecidas por el Tratado de Utrecht. El Reino Unido, frente a la legítima reclamación española arguyó en términos de derecho internacional la aquiesciencia, una figura jurídica consistente en el alegato de la falta de reclamación de un Estado ante un hecho consumado, por lo que el Estado afectado al no haber manifestado su enérgica oposición en un plazo razonable, y ante la prolongada inactividad, Gran Bretaña reconocía su presencia bajo el consentimiento implícito del Estado español.

Si se vincula la dimensión de la importancia de la entrada peninsular al Mediterráneo y el volumen energético que pasa por el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, hablamos de un consumo de petróleo y gas de alcance e importancia mundial. Dicho de otro modo, el Estrecho de Gibraltar está estrechamente vinculado al punto más crítico del planeta. La presencia en la península de Crimea así como el control de los accesos al mar Negro, no son sino el mismo deseo de Rusia de acceder al valor vital geoestratégico de la flota del Mar Negro y Sebastopol.

La aquiesciencia que arguye la defensa jurídica británica no se ajusta con la oposición explicita y la doctrina del acto contrario basado en la protesta formal e ininterrumpida de España, ya que la soberanía española nunca ha renunciado formalmente a la defensa de sus derechos territoriales. En términos de protesta diplomática, España ha reclamado sus derechos legítimos en foros internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y su Comité de Descolonización, que ha aprobado resoluciones y emitido notas verbales que invalidan la idea de un consentimiento tácito o aquiescencia. Además, España reclama la nulidad del título originario por ocupación ultra vires y la delimitación taxativa de la cesión conforme al texto del artículo X. Por último, la ocupación de facto de zonas no contempladas en el Tratado de Utrecht, como el istmo o las aguas territoriales circundantes no concedidas expresamente, no tienen ni han adquirido validez jurídica definitiva mediante la simple tolerancia temporal, ya que los derechos de soberanía histórica afectados son inalienables, por lo que España no sólo debe garantizar su soberanía en las ciudades autónomas que le corresponden por derecho histórico, sino reclamar lo que le corresponde por violación explícita de su territorio nacional.

sábado, 1 de agosto de 2026

Invasión


La ciudad autónoma de Ceuta ha sido testigo de una grave crisis de flujo migratorio de proporciones históricas tras el protagonismo de una entrada masiva e irregular de personas a través del espigón marítimo limítrofe con Marruecos, ante la total e incomprensible inacción de las autoridades españolas. Decenas de miles de personas han cruzado en un intervalo de muy pocas horas los territorios de Ceuta primero y Melilla después, superando por completo los recursos de contención y los servicios de emergencia españoles, provocando el colapso de la infraestructura local y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), dejando un trágico balance de personas fallecidas por ahogamiento y provocando la generación de condiciones de gran riesgo para la población residente en la ciudad.

Ante la situación que ha desbordado los controles ordinarios de extranjería y amenazado la estabilidad de las ciudades autónomas, se deberían haber activado los mecanismos constitucionales y legales que hubieran permitido el despliegue extraordinario de los recursos del Ejército efectivos, con el fin de restaurar el orden público y proteger la soberanía nacional frente a la entrada masiva y coordinada de inmigrantes ilegales, constitutiva de un atentado directo contra la integridad territorial de España y un desafío al orden soberano de las fronteras exteriores del Estado, las cuales deben ser defendidas y garantizadas por los poderes públicos conforme al mandato constitucional y el derecho internacional en materia de control de los movimientos migratorios masivos y desordenados en zonas fronterizas terrestres y marítimas que reconoce la potestad soberana de los Estados para regular y controlar el acceso a su territorio, proteger sus fronteras exteriores y determinar las condiciones de entrada y permanencia de los ciudadanos extranjeros, dentro del marco de los convenios internacionales ratificados por España, por lo que debería haber sido declarada la emergencia nacional y activado el operativo de cooperación bilateral y los refuerzos policiales y tecnológicos, dentro de las garantías de los Convenios Internacionales para garantizar la seguridad nacional y la integridad territorial ante un claro y deliberado propósito de desbordar los mecanismos de control fronterizo al margen de los cauces legales.

viernes, 31 de julio de 2026

Ceuta

 

“Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Antonio Machado.

 

El Café Comercial de Madrid, inaugurado en 1887 en la Glorieta de Bilbao, ya era un hervidero intelectual de jóvenes escritores e intelectuales como Antonio Machado, Unamuno, Pío Baroja, Azorín o Maeztu, cuando se convirtió en el lugar de una de las famosas tertulias por acoger la noticia de la pérdida de Cuba, que inundó los periódicos de la época y, claro está, los escenarios en los que repercutió el impacto de aquel acontecimiento histórico. La noticia de Cuba provocó estupor y abrió el debate sobre la decadencia española, dando lugar al nacimiento del espíritu de la reivindicación de la identidad nacional y de la necesidad de llevar a cabo un regeneracionismo patrio. El dolor colectivo, se transformó de este modo en una de las señas de identidad de toda una generación literaria.

Algo más de una centuria después, 2026 acaba de convertirse en el año en el que se ha producido una invasión masiva de inmigrantes en territorio nacional. El asalto a la frontera, ha generado una crisis migratoria que ha colapsado el paso fronterizo de Ceuta, frente a la mirada pasiva de las autoridades españolas. La invasión diseñada y perfectamente ejecutada, ha logrado desbordar el espigón que separaba las costas marroquíes y españolas, tanto a nado como caminando por su propio pie, de miles de personas que han logrado llegar de forma continuada a una sorprendida ciudad, que a estas horas es testigo de las calles desbordadas por el impacto en las infraestructuras asistenciales, bajo el auxilio de una emergencia humanitaria y social absoluta sin precedentes.

martes, 28 de julio de 2026

Incendios


A finales del mes de julio del año 2026, los incendios forestales han azotado las provincias de Ávila y Madrid, así como las zonas colindantes de Toledo y otras repartidas por el resto del territorio nacional, constituyendo su impacto una emergencia ambiental y sanitaria derivada de las consecuencias de los mismos, alcanzando una superficie calcinada superior a las ochenta mil hectáreas, y que ha obligado a la evacuación o confinamiento de más de cien mil personas. La combinación de las altas temperaturas, las condiciones del viento y la leve humedad ambiental, ha provocado como consecuencia de los incendios la activación de la emergencia nacional y del nivel máximo de Protección Civil y la coordinación de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Desde el ámbito jurídico y legal, existen evidencias de sucesos responsables de graves consecuencias administrativas y penales por parte de la actuación de las autoridades públicas, tipificadas en el Código Penal español, por la comisión de delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente. En concreto, por imprudencia grave por la violación de la normativa de prevención y limpieza de las condiciones de la zona afectada por el fuego, y la responsabilidad civil derivada de la omisión de la obligación de asumir las labores operativas de extinción. Así las cosas, diferentes autoridades públicas, como el Teniente de Alcalde de Pedro Bernardo, Javier Capitán Jiménez, han difundido declaraciones públicas reconociendo y criticando el operativo y la actuación de las fuerzas públicas de emergencia, denunciando los desalojos para evitar que los vecinos fueran testigos de la supuesta falta de actuación de los operativos oficiales y afirmando que la verdadera fuente de trabajo real de contención de los incendios ha recaído sobre el protagonismo de los vecinos y voluntarios.    

Si las afirmaciones, como las del teniente de alcalde de Pedro Bernardo, entre otras, sobre una supuesta orden de inacción deliberada por parte de los servicios de emergencia fueran ciertas y se demostraran judicialmente, se habrían vulnerado diversos preceptos legales del ordenamiento jurídico español, incurriendo en supuestos delitos de omisión del deber de socorro, de prevaricación administrativa u omisión del deber de perseguir delitos y el de auxilio en catástrofes.