viernes, 7 de agosto de 2026

Israel

 

“El Parlamento de Israel debatirá reconocer la independencia de Cataluña y el País Vasco”. okdiario.

 

En mayo de 2024, la diputada israelí Shrarren Haskel dirigió una misiva al primer ministro Netanyahu, solicitando al Consejo de Ministros hebreo que elevase al pleno el reconocimiento formal de la independencia del País Vasco y Cataluña. Conocidas y públicas son las relaciones habidas, secretas o no, entre el País Vasco y Cataluña, es decir entre ETA y PNV o la banca catalana del pujolismo con el Estado de Israel, que no sólo se han limitado a establecer contactos puntuales o periódicos, sino a desarrollar operaciones y actividades del Mossad en territorio español, ya fuera en tiempos de la República, para minar el régimen franquista o bajo el reciente periodo democrático. La contribución a la balcanización de España, vía financiera o de apoyo material u organizativa, ha sido promovida desde el exterior de forma continua hasta eclosionar en los recientes acontecimientos de Ceuta y Melilla, o al menos esa es la tesis de no pocos analistas internacionales que sitúan al eje Israel-Marruecos como el tándem junto a EEUU que pretende directamente debilitar a España y la Unión Europea en su posición de garante del Estrecho de Gibraltar. Trump así lo ha manifestado en público, instando con su apoyo a que Marruecos se haga con el control de los territorios españoles ubicados en África, al tiempo del apoyo directo a España por parte de su homólogo Andy Burnham, guardando las apariencias de cara a la galería.    

domingo, 2 de agosto de 2026

Gibraltar


            En 1941, la Wehrmacht diseñó un plan de invasión de Gibraltar, la Operación Félix, consistente en la realización de un ataque combinado de las fuerzas armadas alemanas para neutralizar la roca. La falta de un acuerdo final entre el régimen español y el alemán impidieron llevar a cabo una operación del todo viable sobre el terreno para recuperar la soberanía española y poner término a la última colonia, así reconocida por Naciones Unidas, bajo el eufemismo de territorio no autónomo, junto a otros diecisiete entre los que se encuentra como pendiente de descolonización el Sáhara occidental.   

            El 13 de julio de 1713, el Tratado de Utrecht, cedió a la Corona británica la propiedad de la plaza española, según reza su artículo X:

"El Rey Católico, por sí y por sus herederos y sucesores, cede por este Tratado a la Corona de la Gran Bretaña la plena y entera propiedad de la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno”.

En virtud del mencionado artículo, se cedió únicamente la localidad, el castillo y el puerto, sin otra jurisdicción territorial, quedando terminantemente prohibida la comunicación terrestre con España, el contrabando de mercancías; las provisiones, no podían llegar sino bajo condiciones estrictas y pagando los correspondientes derechos de aduanas; y estableciendo una cláusula en virtud de la cual, la Corona española tendría derecho prioritario para recuperar su territorio cedido en caso de que Gran Bretaña decidiera renunciar a su posesión.

Una serie de epidemias, hicieron que las autoridades británicas solicitaran a las españolas la ocupación por razones humanitarias de la superficie actual. Así Gran Bretaña extendió su presencia, sin retirarse pasada la crisis sanitaria. El actual Gibraltar, que incluye la ocupación ilegal del istmo, la parte donde discurre la población, las instalaciones militares y el aeropuerto, nunca fueron cedidas en términos estrictamente legales. Tiempo después, las autoridades españolas cayeron en la cuenta de que debían haber solicitado el retroceso británico a las condiciones establecidas por el Tratado de Utrecht. El Reino Unido, frente a la legítima reclamación española arguyó en términos de derecho internacional la aquiesciencia, una figura jurídica consistente en el alegato de la falta de reclamación de un Estado ante un hecho consumado, por lo que el Estado afectado al no haber manifestado su enérgica oposición en un plazo razonable, y ante la prolongada inactividad, Gran Bretaña reconocía su presencia bajo el consentimiento implícito del Estado español.

Si se vincula la dimensión de la importancia de la entrada peninsular al Mediterráneo y el volumen energético que pasa por el Canal de Suez y el Estrecho de Ormuz, hablamos de un consumo de petróleo y gas de alcance e importancia mundial. Dicho de otro modo, el Estrecho de Gibraltar está estrechamente vinculado al punto más crítico del planeta. La presencia en la península de Crimea así como el control de los accesos al mar Negro, no son sino el mismo deseo de Rusia de acceder al valor vital geoestratégico de la flota del Mar Negro y Sebastopol.

La aquiesciencia que arguye la defensa jurídica británica no se ajusta con la oposición explicita y la doctrina del acto contrario basado en la protesta formal e ininterrumpida de España, ya que la soberanía española nunca ha renunciado formalmente a la defensa de sus derechos territoriales. En términos de protesta diplomática, España ha reclamado sus derechos legítimos en foros internacionales como la Organización de las Naciones Unidas y su Comité de Descolonización, que ha aprobado resoluciones y emitido notas verbales que invalidan la idea de un consentimiento tácito o aquiescencia. Además, España reclama la nulidad del título originario por ocupación ultra vires y la delimitación taxativa de la cesión conforme al texto del artículo X. Por último, la ocupación de facto de zonas no contempladas en el Tratado de Utrecht, como el istmo o las aguas territoriales circundantes no concedidas expresamente, no tienen ni han adquirido validez jurídica definitiva mediante la simple tolerancia temporal, ya que los derechos de soberanía histórica afectados son inalienables, por lo que España no sólo debe garantizar su soberanía en las ciudades autónomas que le corresponden por derecho histórico, sino reclamar lo que le corresponde por violación explícita de su territorio nacional.

sábado, 1 de agosto de 2026

Invasión


La ciudad autónoma de Ceuta ha sido testigo de una grave crisis de flujo migratorio de proporciones históricas tras el protagonismo de una entrada masiva e irregular de personas a través del espigón marítimo limítrofe con Marruecos, ante la total e incomprensible inacción de las autoridades españolas. Decenas de miles de personas han cruzado en un intervalo de muy pocas horas los territorios de Ceuta primero y Melilla después, superando por completo los recursos de contención y los servicios de emergencia españoles, provocando el colapso de la infraestructura local y el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), dejando un trágico balance de personas fallecidas por ahogamiento y provocando la generación de condiciones de gran riesgo para la población residente en la ciudad.

Ante la situación que ha desbordado los controles ordinarios de extranjería y amenazado la estabilidad de las ciudades autónomas, se deberían haber activado los mecanismos constitucionales y legales que hubieran permitido el despliegue extraordinario de los recursos del Ejército efectivos, con el fin de restaurar el orden público y proteger la soberanía nacional frente a la entrada masiva y coordinada de inmigrantes ilegales, constitutiva de un atentado directo contra la integridad territorial de España y un desafío al orden soberano de las fronteras exteriores del Estado, las cuales deben ser defendidas y garantizadas por los poderes públicos conforme al mandato constitucional y el derecho internacional en materia de control de los movimientos migratorios masivos y desordenados en zonas fronterizas terrestres y marítimas que reconoce la potestad soberana de los Estados para regular y controlar el acceso a su territorio, proteger sus fronteras exteriores y determinar las condiciones de entrada y permanencia de los ciudadanos extranjeros, dentro del marco de los convenios internacionales ratificados por España, por lo que debería haber sido declarada la emergencia nacional y activado el operativo de cooperación bilateral y los refuerzos policiales y tecnológicos, dentro de las garantías de los Convenios Internacionales para garantizar la seguridad nacional y la integridad territorial ante un claro y deliberado propósito de desbordar los mecanismos de control fronterizo al margen de los cauces legales.

viernes, 31 de julio de 2026

Ceuta

 

“Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”. Antonio Machado.

 

El Café Comercial de Madrid, inaugurado en 1887 en la Glorieta de Bilbao, ya era un hervidero intelectual de jóvenes escritores e intelectuales como Antonio Machado, Unamuno, Pío Baroja, Azorín o Maeztu, cuando se convirtió en el lugar de una de las famosas tertulias por acoger la noticia de la pérdida de Cuba, que inundó los periódicos de la época y, claro está, los escenarios en los que repercutió el impacto de aquel acontecimiento histórico. La noticia de Cuba provocó estupor y abrió el debate sobre la decadencia española, dando lugar al nacimiento del espíritu de la reivindicación de la identidad nacional y de la necesidad de llevar a cabo un regeneracionismo patrio. El dolor colectivo, se transformó de este modo en una de las señas de identidad de toda una generación literaria.

Algo más de una centuria después, 2026 acaba de convertirse en el año en el que se ha producido una invasión masiva de inmigrantes en territorio nacional. El asalto a la frontera, ha generado una crisis migratoria que ha colapsado el paso fronterizo de Ceuta, frente a la mirada pasiva de las autoridades españolas. La invasión diseñada y perfectamente ejecutada, ha logrado desbordar el espigón que separaba las costas marroquíes y españolas, tanto a nado como caminando por su propio pie, de miles de personas que han logrado llegar de forma continuada a una sorprendida ciudad, que a estas horas es testigo de las calles desbordadas por el impacto en las infraestructuras asistenciales, bajo el auxilio de una emergencia humanitaria y social absoluta sin precedentes.

martes, 28 de julio de 2026

Incendios


A finales del mes de julio del año 2026, los incendios forestales han azotado las provincias de Ávila y Madrid, así como las zonas colindantes de Toledo y otras repartidas por el resto del territorio nacional, constituyendo su impacto una emergencia ambiental y sanitaria derivada de las consecuencias de los mismos, alcanzando una superficie calcinada superior a las ochenta mil hectáreas, y que ha obligado a la evacuación o confinamiento de más de cien mil personas. La combinación de las altas temperaturas, las condiciones del viento y la leve humedad ambiental, ha provocado como consecuencia de los incendios la activación de la emergencia nacional y del nivel máximo de Protección Civil y la coordinación de la Unidad Militar de Emergencias (UME). Desde el ámbito jurídico y legal, existen evidencias de sucesos responsables de graves consecuencias administrativas y penales por parte de la actuación de las autoridades públicas, tipificadas en el Código Penal español, por la comisión de delitos contra los recursos naturales y el medio ambiente. En concreto, por imprudencia grave por la violación de la normativa de prevención y limpieza de las condiciones de la zona afectada por el fuego, y la responsabilidad civil derivada de la omisión de la obligación de asumir las labores operativas de extinción. Así las cosas, diferentes autoridades públicas, como el Teniente de Alcalde de Pedro Bernardo, Javier Capitán Jiménez, han difundido declaraciones públicas reconociendo y criticando el operativo y la actuación de las fuerzas públicas de emergencia, denunciando los desalojos para evitar que los vecinos fueran testigos de la supuesta falta de actuación de los operativos oficiales y afirmando que la verdadera fuente de trabajo real de contención de los incendios ha recaído sobre el protagonismo de los vecinos y voluntarios.    

Si las afirmaciones, como las del teniente de alcalde de Pedro Bernardo, entre otras, sobre una supuesta orden de inacción deliberada por parte de los servicios de emergencia fueran ciertas y se demostraran judicialmente, se habrían vulnerado diversos preceptos legales del ordenamiento jurídico español, incurriendo en supuestos delitos de omisión del deber de socorro, de prevaricación administrativa u omisión del deber de perseguir delitos y el de auxilio en catástrofes.

sábado, 25 de julio de 2026

Una década de transformaciones: resumen 2019-2026

 

Ya nadie puede poner en duda, una realidad basada en hechos computables ocurridos durante el periodo comprendido entre el año 2019 y el momento presente, marcado por una sucesión de crisis de alcance global y nacional que han supuesto una transformación radical en términos sociales, económicos o geopolíticos.

2020 trajo consigo un confinamiento global, debido al SARS-CoV-2, cuyo impacto afectó al ámbito sanitario y social, colapsando los sistemas hospitalarios, y provocando una alteración sustancial de los hábitos de vida con la implantación de la digitalización o el teletrabajo y el distanciamiento físico. 2022 fue el año en que tuvo lugar la invasión rusa de Ucrania, afectando al mercado de la energía a nivel mundial, la escasez de materias primas y las rutas comerciales. La crisis de suministros y energía como el gas, el petróleo o la electricidad, ha encarecido sucesivamente la producción, provocando una escalada de la inflación que afecta de forma directa a los precios alimentarios, la vivienda y a otros bienes de primera necesidad. 2022/2023 fueron los años de la irrupción masiva de la tecnología en la transformación de diferentes sectores, como el mercado laboral o la creación de contenidos, gracias a la revolución de la IA y a la masificación del uso de herramientas como ChatGPT, provocando legislaciones regulatorias en materias de ciberseguridad, el entorno digital o el dinero electrónico y anticipando la posibilidad de la implantación de certificados digitales de identificación personal. 2024 fue el año de la DANA que afectó principalmente a la Comunidad Valenciana, aunque también a Castilla-La Mancha y Andalucía. Los fenómenos meteorológicos de lluvias torrenciales dejaron a su paso efectos devastadores para la población civil. 2025 supuso la conceptualización de un gran apagón eléctrico total o blackout gracias a la crisis energética que vivió España, a consecuencia de la paulatina evolución hacia las energías renovables, que colapsó los protocolos de seguridad y cerró el suministro de electricidad a los ciudadanos. 2026 y, más concretamente, la estación estival ha activado alrededor de 56 incendios forestales en apenas 48h a finales del mes de julio en la Comunidad Valenciana, Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja, Cataluña y Andalucía, provocando los mayores incendios jamás registrados en España, como el de Guadalajara, Madrid o Ávila. 2026 es también el año del conflicto y la escalada de la tensión entre Estados Unidos, Israel e Irán, en el principal escenario geopolítico y de alcance y repercusión internacional que existe en la actualidad, involucrando de forma directa o indirecta a toda la región colindante en zonas como el Líbano, Siria, Irak o Yemen, convirtiendo a Oriente Medio en una amenaza para la paz mundial y las rutas comerciales esenciales para el suministro energético a través del Estrecho de Ormuz.

Aunque en apariencia directa no exista de manera formal una cabeza visible y ordenadora que actúe a modo de planificador global, lo cierto es que todos estos acontecimientos de difícil interpretación espontánea, generan el núcleo del proceso de gestación de una indiscutible gobernanza mundial, de la mano de los sucesos globales destacados al amparo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 y los marcos de cooperación internacional que establecen claras hojas de ruta para orientar las políticas públicas y privadas en materias como el cambio climático y la transición energética o la sostenibilidad y la agenda social. Es absolutamente incontestable, que todos los grandes acontecimientos mundiales están acelerando cambios profundos y provocando transformaciones estructurales como la digitalización masiva, la reestructuración del mercado laboral, los cambios en el modelo energético o el cambio de paradigma del modelo financiero, dejando a un lado la implicación de los parlamentos nacionales como garantes de la soberanía y la participación directa de la ciudadanía en la toma de decisiones que le puedan afectar.

 

sábado, 18 de julio de 2026

Campus Party

  

Corría el año 1997 cuando España se erigió en la cuna de uno de los festivales más internacionales, importantes, creativos y libres del mundo. La tecnología, la cultura digital, la ciencia y la innovación, se dieron cita al abrigo de un evento global que atrajo a todo tipo de programadores, desarrolladores de videojuegos, estudiantes, ingenieros informáticos, emprendedores y grandes marcas de empresas relacionadas con la robótica, la astronomía, la biotecnología, el diseño, el arte digital, el software o la programación. La zona de acampada, ubicada dentro del propio recinto, no se convirtió sino en una gran acumulación de tiendas de campaña y participantes acomodados a la intemperie de un evento famoso por ofrecer una conexión de alta velocidad de internet, no disponible para el usuario de entonces, que permitía realizar descargas, programar o intercambiar partidas sin interrupciones.

De ser la referencia de la vanguardia en tecnología y de proyectar al mundo entero un espíritu de libertad ofrecida por medio de la imagen de una reunión informal de geeks, bajo la organización de un evento de gran relevancia y proyección internacional, el panorama político español hizo que a partir del año 2011 todo aquello se esfumase al amparo de los recortes presupuestarios, para dar paso y conectar con la crisis económica global, el desgaste institucional  y el auge de los nuevos movimientos sociales, llámese Movimiento 15M y los indignados, la irrupción de Podemos o la llegada de los gobiernos de coalición, a lo que más tarde habría que añadir el tinte de la  corrupción y el descrédito generalizado.

Si bien durante el siglo XIX no existieron gobiernos de coalición en el sentido moderno del término, los partidos creados para aglutinar sectores o la directa firma de pactos para unir distintas facciones, desembocaron en alianzas inestables que provocaron crisis institucionales. De los albores del futuro del Campus Party, hemos retrocedido en apenas unos años al ámbito de lo abyectamente decimonónico, recuperando las ideologías de entonces, la polarización y la desigualdad social, los pucherazos, la emergencia de los nacionalismos periféricos, la crisis económica o la corrupción como motor mismo del sistema.