sábado, 21 de febrero de 2026

Hoja de ruta


            Es un hecho consumado, que las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial para Europa pueden traducirse y resumirse en dos conceptos básicos, un continente divido y una Rusia fortalecida.

            Sin embardo, dentro de la URSS, el movimiento tectónico que sacudió su nacimiento, puede analizarse como una fuerte sacudida protagonizada por vectores internos que pugnaban por un continuismo de la ruta original, al servicio de quienes financiaron la caída de los zares, y un intento de ruptura por parte de los que pretendían hacerse con el control posterior de la situación. La eliminación de los bolcheviques por Stalin, no fue sino un proceso quirúrgico para eliminar la competencia y organizar el poder del Estado en torno a su figura. Tras un viraje de vuelta de izquierda a derecha, Stalin eliminó a Trotsky sirviéndose del ala moderada, para después borrar del escenario a Bujarin. En términos de realpolitik y geopolítica de alto nivel, el líder soviético trató de manejar a su antojo la alta finanza internacional para crear la URSS.

Según autores como Antony C. Sutton, existe una clara conexión entre el ascenso de los regímenes totalitarios de principios del siglo XX, con Wall Street y el Nuevo Orden Mundial. En su obra, Sutton analiza cómo los banqueros de Nueva York, Londres y la Reserva Federal financiaron a los bolcheviques, para eliminar a la Rusia zarista y crear un régimen como subterfugio al que poder extraer todos sus recursos naturales. Para el profesor británico, el proceso de industrialización que Stalin llevó a cabo tras la guerra civil, fue fruto de la transferencia de tecnología, gracias a las transferencias realizadas por los bancos de occidente, siguiendo el mismo método que había servido a Wall Street para lograr el ascenso de Hitler al poder. Durante la Gran Depresión de 1929, Stalin se sirvió de las finanzas para obtener créditos, a cambio de la cancelación de la deuda rusa mediante el pago de oro y cereales, por lo que pudo mantener la solvencia frente a los bancos de la City y Wall Street. Los acuerdos de Bretton Woods, supusieron el arranque del nuevo orden financiero, con la creación del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La URSS rechazó adherirse a los dictados del FMI y creó, en su lugar, el COMECON, un sistema financiero para el bloque del Este. En un clásico juego geopolítico, Stalin se sirvió de las finanzas internacionales para levantar su imperio, para después tratar de cerrarles las puertas. Ese intento de instrumentalizar las fuerzas económicas que lo habían ayudado en su punto inicial, fue la excusa necesaria para que esas mismas manos provocaran su inusual y extraña muerte. La fecha de su defunción está marcada por un simbolismo oculto y de marcado significado esotérico, por lo que no sería extraño pensar que dicho día no fuera sino la firma de su autoría. Tras la muerte del dictador y la progresiva relajación de costumbres dentro de la URSS, llegó la Perestroika como proceso de reforma económica liberal al servicio de la inversión extranjera, dirigida por Mijaíl Gorbachov en la década de 1980, que provocó el colapso de la URSS en 1991. La caída del Muro de Berlín en 1989, supuso el fin de los regímenes comunistas de los países del Este, como Polonia, Hungría o Alemania Oriental. Tras dicho proceso, tuvo lugar el golpe de Estado de agosto de 1991, protagonizado por parte del sector inmovilista del Partido Comunista, que se oponían a cualquier tipo de reforma. El golpe fracasó, y permitió a Boris Yeltsin conducir a la Unión Soviética a su disolución en diciembre de ese mismo año, trayendo consigo las privatizaciones masivas, la entrega de recursos como el gas y el petróleo provocando el nacimiento de los oligarcas y el sometimiento de Rusia a las directrices del FMI, que conllevaron una hiperinflación que aniquiló los ahorros del pueblo ruso.

George H.W. Bush, en un discurso pronunciado en el Congreso, el 11 de septiembre de 1991, anunció al mundo el advenimiento del "Nuevo Orden Mundial", el final de la Guerra Fría y el reemplazo del rol de gendarme de los Estados Unidos por una cooperación internacional basada en el trabajo conjunto para enfrentar agresiones externas. Era el triunfo de la consagración del modelo liberal entendido como el destino inevitable de todas las naciones o, en términos de Francis Fukuyama, "El fin de la historia". En Europa, por su parte, Jacques Delors y Valéry Giscard d'Estaing se convirtieron en los arquitectos de la construcción de la Unión Europea, centrada en la estabilidad monetaria y la apertura hacia una política económica global.

Sin embargo, la preocupación que domina hoy en los pasillos de Bruselas es la pinza geopolítica bajo la que ha quedado atrapada Europa, frente al desafío de la energía como arma de Putin y la política de Trump basada en sus medidas aislacionistas mercantilistas y arancelarias, consistentes en poner fin al paraguas de seguridad de la OTAN y en exigir que Europa pague por su propia defensa. Una Europa sin identidad, sometida a los dictados de una guerra híbrida, es la viva imagen del fin del sueño que Giscard d'Estaing ayudó a construir. Al igual que la instrumentalización de la Segunda Guerra Mundial por parte de la alta finanza internacional para crear un nuevo orden económico tras su fin, hoy Putin y Trump están siendo utilizados por las mismas fuerzas de Davos para forzar la reestructuración profunda de Europa. Frente a tal iniciativa y, ante el fracaso del sueño federalista de Delors, la autonomía de la Europa de las patrias propuesta por De Gaulle se abre paso como única voz para lograr una autonomía estratégica que pudiera evitar la total fragmentación del tablero de juego europeo. El "Nuevo Orden Mundial" anunciado en 1991 como una era de cooperación, ha desembocado en un escenario en el que las reglas internacionales se han roto en aras del nacionalismo y el proteccionismo, al servicio todos ellos de una agenda única como telón de fondo.

Martin Burckhardt


Uno de los símbolos de las finanzas, es el edificio del Banco de Pagos Internacionales con sede en Basilea, diseñado por Martin Burckhardt. Como banco central de bancos centrales, está levantado del suelo con forma de una moderna Torre de Babel. A simple vista, no dista de ser un simple rascacielos brutalista, sin embargo, guarda una lectura mucho más hermética y esotérica, en su similitud con las representaciones pictóricas, como la de Pieter Brueghel el Viejo. En el mito bíblico, se narra el intento de construcción de una torre para alcanzar a Dios y unificar a la humanidad bajo el habla de una sóla lengua. Bajo el prisma del esoterismo, el edificio que alberga la sede del BPI supone la tentativa de llevar a cabo la sustitución de esa lengua por una unificación económica y monetaria, por encima de las fronteras nacionales y sus correspondientes soberanías. Al ser una sede bancaria que se rige bajo el privilegio de un estatus especial, similar a la Ciudad del Vaticano o la ONU, a su interior no puede entrar la policía sin permiso. Simboliza un templo de la alta finanza internacional, ubicado por encima de las reglas del mundo y, desde cuyos despachos, se dictan las leyes que rigen la política monetaria, los impuestos y la deuda perpetua que atenaza a los países. Su configuración cilíndrica y panóptica, representa la perfección, la totalidad y el control, a modo de un ojo que todo lo ve. Es una estructura racionalista que proyecta la imagen del triunfo del algoritmo sobre la voluntad humana. Basilea, el lugar físico donde se ubica, ha constituido tradicionalmente un centro alquímico y geográfico, cruce fronterizo, en el que las naciones próximas al BPI proyectan bajo su paraguas la imagen de su disolución en favor de una gobernanza global.

jueves, 19 de febrero de 2026

Discurso de las cuatro libertades. Franklin D. Roosevelt, 6 de enero de 1941.


“Me dirijo al Congreso en un momento sin precedentes en la historia de los Estados Unidos. Empleo estas palabras porque en ningún otro momento la seguridad de los Estados Unidos se ha visto tan amenazada desde el exterior como en el actual.

Las luchas napoleónicas y la Gran Guerra no llegaron a representar más que una pequeña amenaza para el porvenir de América. Sin embargo, en la actualidad un país aspira a colocarse por encima de todos los demás. El pueblo norteamericano se ha opuesto siempre a esto, pero la seguridad futura de nuestra nación y de nuestra democracia están implicadas de manera ineludible en los acontecimientos que se desarrollan a gran distancia de nuestras fronteras. La defensa armada de la existencia democrática se está efectuando ahora valientemente en cuatro continentes. Si esta defensa fracasa. toda la población y todos los recursos de Europa, Asia, África y Australia serán dominados por los conquistadores.

Se ha discutido mucho acerca de la. imposibilidad de una invasión directa a través de los mares. Evidentemente, mientras la Marina británica conserve su potencia ningún peligro de esa clase existe; incluso si la Marina británica no existiera, es poco probable que el enemigo sea el que fuere, fuera lo suficientemente estúpido para atacarnos desembarcando en los Estados Unidos a través de miles de millas de océano antes de haber obtenido bases estratégicas desde las cuales pudiera operar.

La primera fase de la invasión en el hemisferio americano sería la ocupación por agentes secretos y sus cómplices inocentes; y gran número de ellos se encuentran ya aquí y en América Latina; de los puntos estratégicos necesarios. Mientras los países agresores conserven la ofensiva, serán ellos y no nosotros los que escogerán la hora, el lugar y el método de su ataque. Por este motivo el porvenir de todas las repúblicas americanas está hoy en un serio peligro. Tengo la convicción de que la justicia y la moralidad terminarán por vencer.

Mi política se resume en tres conceptos. Primero: Como consecuencia de la expresión de la voluntad pública, sin distinción de partidos, los Estados Unidos han afrontado la tarea de llevar a cabo un programa comprensivo de Defensa Nacional. Segundo: Como consecuencia de la misma expresión de la opinión pública, los Estados Unidos se han comprometido a apoyar íntegramente a todos aquellos pueblos resueltos que en cualquier parte resisten a la agresión y la mantienen así alejada de este hemisferio. Tercero: Por los mismos, motivos anteriormente enumerados, los Estados Unidos se han comprometido a mantener la idea que los principios de moralidad y las consideraciones de su propia seguridad no les permitirán jamás consentir en una paz dictada por los agresores bajo la égida de los partidarios de la pacificación.

Para recuperar el retraso en el programa de entrega de aviones terminados se trabaja noche y día. Se activa al mismo tiempo la construcción de barcos de guerra y se van a pedir nuevos créditos a fin de intensificar la fabricación de municiones y de material suplementario que ha de ser entregado a las naciones en lucha con los países agresores.

Nuestra labor más útil es la de actuar en calidad de arsenal para ellos al mismo tiempo que para nosotros. Estas naciones no tienen necesidad de recursos humanos, pero sí necesitan miles de millones de dólares de armas de defensa. Se acerca el momento en que no podrán ya pagarlas en especies contantes y sonantes. No podemos y no queremos decirles que han de capitular a causa de su incapacidad actual para pagar las armas que sabemos les son necesarias. No recomiendo que les hagamos un empréstito en dólares para pagar esas armas, empréstito que habría de ser reembolsado en dólares. Recomiendo que facilitemos a esas naciones el seguir obteniendo materiales de guerra en los Estados Unidos ajustando sus encargos a nuestro propio programa. Casi todo su material sería útil para nuestra propia defensa en caso necesario. Por esto lo enviamos al extranjero, que nos devolverá, dentro de un plazo razonable después del fin de las hostilidades, materiales semejantes u otras mercancías, según nuestra preferencia.

Digamos a las democracias: “Nosotros, americanos, estamos totalmente en vuestra defensa de la. Libertad. Os prestamos nuestras energías, recursos y potencia de organización con el fin de daros la fuerza de volver a ganar la guerra y mantener la libertad del mundo. Os enviaremos en cantidades cada vez mayores barcos, aviones, carros de combate y cañones. Éste es nuestro objetivo y nuestra promesa. En el cumplimiento de este fin no nos dejaremos intimidar por las amenazas de los dictadores, que consideran como una infracción al Derecho internacional y como un acto de guerra nuestra ayuda a las democracias que se atreven a resistir a su agresión. Esta ayuda no es un acto de guerra, aunque un dictador proclame unilateralmente que lo es. Cuando los dictadores estén dispuestos a hacernos la guerra no esperarán a que realicemos por nuestra parte un acto de guerra. No esperaron a que Noruega, Bélgica y los Países Bajos cometieran un acto de guerra. Sólo se interesan por el Derecho internacional en un sentido único y no recíproco en su observación y que, por lo tanto, se convierte en un acto de opresión.

En los días futuros, que pretendemos hacer seguros, esperamos ver un mundo fundamentado en cuatro libertades humanas esenciales.

La primera es la libertad de discurso y expresión, en cualquier sitio del mundo.

La segunda es la libertad de cualquier persona para adorar a Dios a su propio modo, en cualquier sitio del mundo.

La tercera es la libertad de querer, que traducido en términos mundanos, significa llegar a acuerdos económicos que aseguren a toda nación una vida en paz y con salud para sus habitantes, en cualquier sitio del mundo.

El cuarto es la libertad de miedo, que traducido en términos mundanos, significa una reducción a nivel mundial de los armamentos hasta un punto y de una manera tan concienzuda que ninguna nación estará en situación de cometer ningún acto de agresión física contra ningún vecino, en cualquier sitio del mundo.

Esto no es la visión de un milenio distante. Es una base definitiva para un mundo posible en nuestro propio tiempo y generación. Ese tipo de mundo es la antítesis del denominado nuevo orden de tiranía que los dictadores pretenden crear a golpe de bombas.

A ese nuevo orden oponemos una mayor concepción, el orden moral. Una buena sociedad es capaz de afrontar esquemas de dominación mundial y revoluciones extranjeras sin miedo.

Desde el comienzo de nuestra historia americana hemos estado implicados en el cambio a lo largo de una revolución perpetua, pacífica, una revolución que sigue adelante sin parar, con tranquilidad, ajustándose a las condiciones cambiantes sin el campo de concentración o cal viva en la fosa. El orden mundial que queremos es la cooperación de países libres, trabajando juntos en una sociedad civilizada y amistosa.

Esta nación ha puesto su destino en las manos y las mentes y los corazones de sus millones de hombres y mujeres libres, y su fe en la libertad bajo la guía de Dios. La libertad implica la supremacía de los derechos humanos en todos lados. Nuestro apoyo es para aquellos que luchan para obtener esos derechos y mantenerlos. Nuestra fuerza es nuestra unidad de propósito.

A ese gran concepto no le puede seguir otro final que no sea la victoria”.

¿Sabía De Gaulle demasiado?


De Gaulle entendió desde el primer día de su exilio en Londres, que tanto Roosevelt como Churchill no querían liberar a Francia, sino convertirla en un protectorado de los intereses angloamericanos. Los grandes bancos de Wall Street, como J.P. Morgan, habían preparado el terreno de la financiación aliada, sabedores que las guerras son maquinarias devoradoras de capital, desde una perspectiva puramente económica. Si Gran Bretaña o Francia perdían la guerra, se corría el riesgo de no recuperar la inversión, asunto clave que determinó la entrada de Estados Unidos en el teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial, a expensas de la presión del incipiente complejo industrial-militar y el nacimiento de la guerra industrializada. Así, empresas pertenecientes a los sectores siderúrgico, químico o armamentístico alemanas y británicas no sólo se enriquecieron, sino que lo hicieron gracias a su estrecha vinculación con las finanzas, cerrando el círculo que unía la guerra con el sistema financiero. No es casual por ello, que poco antes del inicio de la Gran Guerra de 1914, tuviera lugar la creación en 1913 de la Reserva Federal de EE. UU., ideada como un sistema bancario centralizado con el poder de imprimir dinero de la nada y capaz de financiar un gran conflicto de alcance mundial.

Tras la Segunda Guerra Mundial, Francia se encontraba arrasada por el conflicto bélico y sometida, en el terreno político, al auge imparable del Partido Comunista, que representaba la fuerza más votada. La élite financiera sentía un pánico real frente a la posibilidad del triunfo de una revolución bolchevique, capaz de provocar una nacionalización a gran escala. De Gaulle se convirtió en el único activo capaz de frenar la situación, y revertirla en aras de lograr el mantenimiento del orden y la conservación del bloque occidental frente al área de influencia de Stalin. Por ello, pudo desarrollar sin límites ni obstáculos a su acción de gobierno, un proyecto personal de soberanía política consistente en desarrollar la bomba atómica como elemento de disuasión y plantar cara al incipiente globalismo, manteniendo a raya al comunismo y dejando que el capitalismo funcionara bajo el estricto discurso patriótico del jefe del Estado, eso sí, desafiando el dominio del dólar y mandando barcos de la armada francesa cargados de dólares a EE. UU. para exigir su inmediata restitución por oro físico. Sin embargo, un caballo de Troya iba a ser instalado a la diestra del gobierno francés, como jugada maestra de la élite financiera, de nombre Georges Pompidou, un alto empleado de la banca Rothschild, encargado de manejar los hilos de la política económica de Francia. Cuando llegó el momento, tras la salida militar de la OTAN del país galo y los intentos de desmarcarse de la alta finanza por parte de De Gaulle, llegó Mayo del 68 y el desahucio de un gobierno hostil a los intereses de la élite mundial. Al final, quien se quedó con las llaves de Francia fue la banca financiera, bajo la promulgación de la "Ley Pompidou-Giscard", Ley 73-7, que prohibía expresamente al Banco de Francia prestar dinero al Estado sin intereses, obligando al país francés a endeudarse desde 1973 hasta nuestros días.

WWII


"La guerra debe terminar, no por una derrota militar, sino porque el mando ha perdido la razón o sirve a otros fines". Rommel.

 

Lejos de la épica histórica convencional, no es imposible pensar que los dos bandos de la contienda mundial se encontraran bajo el mismo mando y control de la élite financiera y manipulados por los intereses que pretendían la aniquilación física de Europa para traer un nuevo orden económico global, en el escenario posbélico de la reconstrucción posterior a la guerra. Todo ello, bajo el contraste objetivo del hecho de que ciertas industrias estratégicas no eran sentenciadas bajo el dictado de los efectos de las bombas, por lo que la situación hacía presagiar la confirmación de un tablero cuyo resultado estaba decidido de antemano por quienes manejaban el dinero. En África, la falta de combustible y suministros de Rommel era inversamente proporcional a la navegación del petróleo de la Standard Oil por otras rutas logísticas del Mediterráneo, por lo que es lógicamente deducible que la propia canalización de recursos alemanes, podría estar siendo saboteada desde dentro de sus propias filas, con el fin de prolongar la guerra en otros frentes y destruir los recursos de las potencias litigantes. Sólo así, se explica la inacción de las divisiones Panzer durante el Día D, bajo el control directo del Alto Mando de la Wehrmacht OKW, y la estricta orden directa de Hitler de no movilizar las unidades blindadas en las costas del desembarco, contraviniendo la voluntad del mariscal. Rommel, en ese momento, fue testigo de que Alemania estaba siendo invadida y destruida a tenor del dictado de ciertas élites que manejaban la industria militar de ambos bandos. James Perloff, en su obra "The Shadows of Power", argumenta que la Segunda Guerra Mundial no fue un conflicto sometido a la explicación convencional histórica, sino una maniobra del Council on Foreign Relations, CFR, y la gran banca internacional. Por su parte, Guido Giacomo Preparata, en su libro "Conjuring Hitler", analiza el ascenso de Hitler al poder gracias a la colaboración de la élite financiera anglosajona. Por último, Charles Higham en su libro "Trading with the Enemy", documenta como el Chase Bank, la empresa Ford o la ITT norteamericana hacían suculentos negocios con los nazis, bajo la agónica carencia de combustible en el ejército de Rommel.

A lo largo de la contienda mundial, el Banco de Pagos Internacionales, BPI, con sede en Basilea y compuesto por bancos centrales de ambos lados, estuvo presidido por Thomas McKittrick, bajo cuyo mandato los banqueros del Tercer Reich y los Aliados se sentaron en la misma mesa de negociación en Suiza para gestionar, entre otros activos, el oro robado por el gobierno nacionalsocialista. Dicha actividad, garantizaba que, al margen del resultado de la guerra, el sistema financiero global siguiera funcionando y que, a través de una red de países neutrales, el material necesario para alimentar la guerra fluyera entre Alemania y Estados Unidos. Para la élite financiera de la City, la confrontación entre Alemania y Rusia supuso una operación diseñada bajo el control y estabilización de los mercados europeos, tras el reseteo posterior a la fase de destrucción de Europa.

Los campos como laboratorios (1933-1945)


Los campos de concentración nazis fueron no sólo centros de exterminio o trabajo, sino auténticos laboratorios sociales que funcionaron como estaciones experimentales, en las que se llevó a cabo de forma sistemática y rigurosamente documentada la eliminación de la identidad, el vínculo familiar o social y la ética con la finalidad de estudiar cuáles eran los límites del comportamiento, la mente y el cuerpo humano. Para ello, se usó la interfaz de una ingeniería social diseñada para quebrar la voluntad humana, estudiar el sistema de vigilancia de los kapos sobre los prisioneros y los efectos del trauma como mecanismo de dicho control. Las empresas químicas y farmacéuticas que suministraron el material necesario para llevar a cabo semejante crimen, tenían claros vínculos con la élite financiera, como IG Farben o la propia Fundación Rockefeller encargada de la financiación de estudios de eugenesia antes de la guerra en Alemania. John Marks, en su libro basado en documentos desclasificados de la CIA “The Search for the Manchurian Candidate", establece la conexión entre el proyecto MK-Ultra y los experimentos de guerra. Stefan Kühl, en su obra "The Nazi Connection: Eugenics, American Racism, and German National Socialism", explica la existencia de una conexión directa entre la línea de financiación de las élites científicas y financieras norteamericanas y la eugenesia nazi. Por último, Cathy O'Brien en el libro "Trance-Formation of America", señala el puente de conexión existente entre el trauma y las técnicas de control mental derivadas de las aportaciones de los experimentos nazis. Tras la guerra, se lanzó la Operación Paperclip, por la que se obligó a científicos alemanes a trabajar a favor de los intereses de los Estados Unidos, convirtiendo los estudios del trauma y la disociación en la base de proyectos posteriores de la CIA, conocidos como MK-Ultra. Hubertus Strughold, fue el encargado en los campos de concentración de supervisar los experimentos de hipoxia y congelación en seres humanos. Sus hallazgos, sirvieron en la postguerra de base para el posterior desarrollo de la medicina de la NASA y de las fuerzas aéreas de los Estados Unidos. Kurt Blome, experto nazi en armas biológicas, trabajó de igual forma para el Cuerpo Químico del Ejército de EE. UU., con base en Fort Detrick. Sus logros en cómo propagar patógenos y el uso de sustancias químicas aplicadas sobre la población indefensa, constituyó la primera piedra de programas de control químico. Tom Bower, en su libro "The Paperclip Conspiracy", relata el interés de los Estados Unidos por traer a científicos de primer nivel alemanes para trabajar en sus programas de desarrollo. Martin A. Lee, en su obra "Acid Dreams", estudia la conexión entre los efectos del uso del LSD y la CIA, y cómo la élite ha empleado drogas desarrolladas en laboratorios vinculados a la guerra con fines de control social y de propaganda contracultural. Otros autores, sostienen que el Tesoro de Estados Unidos ha sido la herramienta utilizada por la élite como arma de guerra económica. En 1944, Henry Morgenthau Jr., en aquel entonces Secretario del Tesoro de EE. UU., propuso realizar un experimento de desindustrialización forzosa del país germano, para reducirlo a un estado de mera subsistencia vital, después de haber sido la vanguardia de la ciencia y la tecnología, destruyendo así la competencia económica de Europa frente a los intereses financieros de la City y Wall Street.

De toda esta fatal experiencia previa, hoy vemos que los vectores del colapso de las sociedades modernas se basan en la aplicación práctica de una obra de ingeniería social, ejecutada a través de un desabastecimiento programado provocado por la ruptura de las cadenas de suministro que generan inflación y tensión social derivada de la subida de los precios de los bienes de primera necesidad, los apagones informativos consecuencia de la falta de credibilidad, los ataques a infraestructuras críticas como el desabastecimiento de agua, los apagones eléctricos o la falta del correcto funcionamiento de los transportes con la finalidad de paralizar la vida cotidiana, y la fragmentación social, fruto del alimento de conflictos provocados por la polarización extrema de la sociedad, con la intención de agotar el esfuerzo de cualquier tipo de resistencia frente a la implantación de la agenda oficial.

lunes, 16 de febrero de 2026

La Iglesia en venta


Si la Comunidad de Madrid ondea la bandera española, adula a los cristianos y enarbola la marca España como seña de identidad, al tiempo que se entrega a intereses foráneos o desmantela los servicios públicos esenciales, como la sanidad, bajo un capitalismo de entreguismo, el gobierno nacional levanta el puño y canta la Internacional, a ritmo de sus socios, bajo el dictado de la Agenda 2030 y un capitalismo de control, vendiendo los activos del país a fondos de inversión de capital extranjero; “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”.

Si bien todo esto no es nuevo, hace mucho tiempo que la desindustrialización y el desmantelamiento de los sectores productivos de la economía es un hecho consumado, ahora ha llegado el momento de vender los activos inmobiliarios de la Iglesia y de terminar con uno de sus símbolos, el Valle de los Caídos.

La desamortización de Mendizábal tuvo lugar durante el siglo XIX, bajo la práctica de una política liberal, que expropió las propiedades eclesiásticas a precio inferior de mercado, no para beneficio del pueblo, sino de intereses privados. El arzobispado de Madrid, a través de diversas fundaciones, está llevando a cabo la venta de edificios residenciales propiedad de la Iglesia a fondos de inversión, operación inmobiliaria que ha terminado judicializada en los tribunales en defensa de las familias afectadas, al tiempo que el foco mediático ha desviado la atención y centrado su atención en la resignificación de Cuelgamuros.