miércoles, 4 de febrero de 2026

El fin de España


            Fue precisamente Ortega y Gasset quien, a expensas de los muros de la Casa de Oficios desde los que contemplaba los otros, los del monasterio de El Escorial, escribió Meditaciones del Quijote; "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". España, está bajo su propia circunstancia, o encrucijada, de la cual depende su futuro atado a un hilo que no supone su atadura y soporte, sino más bien su soga.

            La administración de Estados Unidos ha lanzado el efecto llamada que está provocando la desindustrialización de Europa, al atraer al conglomerado empresarial alemán y, europeo por extensión, con su Inflation Reduction Act, y los importantes incentivos fiscales que conlleva. España es un país de servicios, principalmente orientados al sector turístico y un hub logístico de referente europeo. El traslado empresarial hacia américa, no sólo supone un duro golpe a la economía nacional sino una auténtica acción de torpedear su línea de flotación que, unida al precio de oro al que se paga la energía verde, al exceso de deuda, al abaratamiento de la mano de obra y a la servidumbre de la oligarquía del tejido banquero y productivo español a la verdadera élite financiera y empresarial mundial, evocan la inmovilidad de un gobierno progresista de casi imposible desarraigo electoral, habida cuenta de la necesidad de crear una estabilidad social pragmática, que sea capaz de garantizar el libre mercado global en el sur de Europa, a salvo de convertirse en una colonia asiática. Un gobierno de derechas atraería el descontento, las protestas callejeras, las jornadas de huelga sindicales y la inestabilidad. Por el contrario, las élites nacionales saben que sólo un gobierno progresista, por corrupto que pueda resultar en la práctica, asegura la paz social en un país cuya inversión principal de capital y legislación se impone desde fuera de nuestras fronteras, ya sea a instancias de Bruselas o de fondos como BlackRock. La falta de soberanía monetaria, legislativa, militar y financiera, hacen de España una sucursal gobernada desde la aquiescencia del Ibex35 y su cuenta de resultados, al dictado de la agenda financiera global, en detrimento de la economía real de los españoles, el bien común y el futuro cotidiano de la nación.

            Si la circunstancia en el sentido orteguiano del término no se supera, el futuro más inmediato se traducirá en un incremento de la pérdida de poder adquisitivo, en más atadura a la deuda y en la presencia de un sistema de bienestar en peligro de extinción, a no ser que aquella se salve revitalizando la estrategia de tratar de recuperar la soberanía real conteniendo la deuda y poniendo un dique al dominio de los fondos de inversión, o promoviendo la reindustrialización estratégica gracias a un impulso de la soberanía energética.

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