“Thomas Anderson es un brillante programador de una respetable compañía de software. Pero fuera del trabajo es Neo, un hacker que un día recibe una misteriosa visita”. Filmaffinity.
Si bien pudiera parecer, la escena en la que Morfeo le
ofrece la pastilla azul o roja a Neo, la representación del mito de la caverna
platónica, lo cierto es que Matrix no es más que la gnosis tradicional llevada
a la gran pantalla, bajo el disfraz de una película de ciencia ficción como
telón de fondo, o excusa para solapar el dualismo que separa el mundo material
del ilusorio o demiúrgico, la representación de los arquetipos o el dibujo de
la chispa que pretende labrar la propia plenitud divina del ser humano, para que
éste último pueda alcanzar, por medio del conocimiento, la salvación frente al
Dios del Antiguo Testamento.
Morfeo, Juan el Bautista, anuncia al que traerá la
libertad, bajo la forma no de una figura crística, sino luciferina, Neo, quién
gracias al Oráculo, la duda cartesiana de la razón y, a su propia voz interior,
logra llevar a cabo la elección, no salvar a la humanidad atravesando la puerta
que le ofrece el Arquitecto, Dios en el sentido bíblico, sino la que conduce
hacia Trinity, o arquetipo de la encarnación de la materia, el deseo o los
instintos. El Agente Smith, los dogmas religiosos, persiguen a Neo en su
intento por mantener la Matrix en orden bajo los dictados del Creador, sin
lograr su cometido, ya que al final Neo consigue destruirlo, y morir para
renacer bajo la forma de un paisaje más colorido que la monocrómica ciudad, el
cuidado de un sol naciente y una niña que simboliza el equivalente al feto estelar
flotando en el universo al finalizar “2001: Una odisea en el espacio” de
Kubrick, es decir, la simbólica y alquímica transmutación que supone saltar de
un estado material a otro plano espiritual más evolucionado. El Oráculo le
pregunta al Arquitecto si dejará que a partir de entonces el que quiera ser
libre, podrá serlo, a lo que Dios asiente y da su palabra. No es el fracaso de
Dios frente a la rebeldía del diablo, es la condescendencia de dejar otorgar la
libertad para quien elija perderse, pueda hacerlo bajo su estricta y libre voluntad
de elección.