miércoles, 1 de abril de 2026

Eugenesia

 

         Aunque hablar de eugenesia pueda parecer un término asociado principalmente a las practicas llevadas a cabo bajo el régimen de la Alemania nacionalsocialista, lo cierto es que tal concepto hunde sus raíces profundas en el pensamiento social y la biología decimonónica, de la mano de un familiar directo de Charles Darwin, el británico Francis Galton, a quien se atribuye su origen formal, precisamente bajo la inspiración e influencia de la obra “El origen de las especies”. La idea consiste, según Galton, en que, si los animales llevan a cabo una cría selectiva, la humanidad podría mejorar a los individuos de igual forma a través de la práctica eugenésica. El darwinismo social considera, así, a una clase social, la de los inadaptados, prescindible, debido a condicionantes como la pobreza, la criminalidad, las taras genéticas o los factores socioeconómicos. Si a todo este despropósito, sumamos la teoría malthusiana, acreditada en la obra del clérigo y economista Thomas Robert Malthus, formulada a finales del siglo XVIII, cuyo pilar se sostiene sobre la discrepancia habida entre el crecimiento exponencial de la población frente al crecimiento aritmético o lineal de los recursos para alimentarla, logramos llegar a un coctel letal por necesidad. Según Malthus, si no se controla el crecimiento poblacional, los recursos alimentarios crecerían a un nivel menor, por lo que habría que corregir el desequilibrio mediante frenos voluntarios, como el control de la natalidad o el aumento de la tasa de mortalidad mediante epidemias, guerras, crisis económicas o desastres naturales. La trampa malthusiana, describe la situación en la que cualquier desarrollo tecnológico aumentaría la producción de alimentos y, por ello, la población, entrando en un círculo vicioso de subsistencia.

Todas estas teorías, dejaron de serlo en el momento en el que se convirtieron en políticas públicas basadas en esterilizaciones forzadas, higiene racial o la política del hijo único durante el siglo XX y, ya entrados en el XXI, en políticas de ideología de género o legalización de matrimonios igualitarios, prácticas abortivas y, más recientemente, la eugenesia eutanásica. El neomaltusianismo actual es, además, de corte ambiental, basado en la escasez de recursos como la energía, las tierras raras o el agua potable, el cambio climático, el exceso de población, la economía basada en el consumo desenfrenado o la degradación medionambiental.