Aunque hablar de eugenesia pueda parecer un término
asociado principalmente a las practicas llevadas a cabo bajo el régimen de la
Alemania nacionalsocialista, lo cierto es que tal concepto hunde sus raíces
profundas en el pensamiento social y la biología decimonónica, de la mano de un
familiar directo de Charles Darwin, el británico Francis Galton, a quien se
atribuye su origen formal, precisamente bajo la inspiración e influencia de la
obra “El origen de las especies”. La idea consiste, según Galton, en que, si
los animales llevan a cabo una cría selectiva, la humanidad podría mejorar a
los individuos de igual forma a través de la práctica eugenésica. El darwinismo
social considera, así, a una clase social, la de los inadaptados, prescindible,
debido a condicionantes como la pobreza, la criminalidad, las taras genéticas o
los factores socioeconómicos. Si a todo este despropósito, sumamos la teoría
malthusiana, acreditada en la obra del clérigo y economista Thomas Robert
Malthus, formulada a finales del siglo XVIII, cuyo pilar se sostiene sobre la
discrepancia habida entre el crecimiento exponencial de la población frente al
crecimiento aritmético o lineal de los recursos para alimentarla, logramos
llegar a un coctel letal por necesidad. Según Malthus, si no se controla el
crecimiento poblacional, los recursos alimentarios crecerían a un nivel menor,
por lo que habría que corregir el desequilibrio mediante frenos voluntarios,
como el control de la natalidad o el aumento de la tasa de mortalidad mediante
epidemias, guerras, crisis económicas o desastres naturales. La trampa
malthusiana, describe la situación en la que cualquier desarrollo tecnológico
aumentaría la producción de alimentos y, por ello, la población, entrando en un
círculo vicioso de subsistencia.
Todas
estas teorías, dejaron de serlo en el momento en el que se convirtieron en
políticas públicas basadas en esterilizaciones forzadas, higiene racial o la
política del hijo único durante el siglo XX y, ya entrados en el XXI, en
políticas de ideología de género o legalización de matrimonios igualitarios,
prácticas abortivas y, más recientemente, la eugenesia eutanásica. El neomaltusianismo
actual es, además, de corte ambiental, basado en la escasez de recursos como la
energía, las tierras raras o el agua potable, el cambio climático, el exceso de
población, la economía basada en el consumo desenfrenado o la degradación
medionambiental.