sábado, 14 de marzo de 2026

Rusos blancos


"Los hemos expulsado porque no había motivo para fusilarlos y era imposible soportarlos". Trotsky.

            La Revolución de 1917, no sólo supuso una guerra civil interna que condujo a la familia imperial al abismo, sino una limpieza social sin precedentes. El "Barco de los Filósofos" (Filosofski parojod), condujo al exilio a la intelectualidad que no comulgaba con el bolchevismo. Las mentes más brillantes, se libraron así de una muerte segura, dado su prestigio internacional y, a expensas, del escándalo internacional que hubiera supuesto su ejecución.

Lenin escribió a Stalin ordenando la deportación de los intelectuales, bajo la suerte de la práctica del pragmatismo revolucionario; "los fusilaríamos, pero son demasiado famosos. Los expulsaremos para que no corrompan al pueblo".

El filósofo Nikolái Berdiáyev, el sociólogo Pitirim Sorokin, el escritor Vladímir Nabókov o la poetisa Marina Tsvetáyeva, se vieron obligados a albergar los suburbios parisinos en el exilio. Los rusos blancos, partidarios del zar, no sólo se redujeron a los aristócratas y nobles de la corte de los Romanov huidos de las entrañas de la revolución, sino que se extendieron a intelectuales y militares del Ejército Blanco. El legado cultural que dejaron enriqueció profundamente a Francia, a pesar de su condena, en no pocas ocasiones, a vivir bajo el dictado de una pobreza extrema y a mantener la llama viva de la vida literaria en los cafés de Montparnasse, como La Coupole o La Closerie des Lilas, en los que se reunían el futuro Premio Nobel Iván Bunin y el resto de la élite intelectual, y que constituyeron el núcleo donde se fundaron editoriales y periódicos como Poslednie Novosti, en el que los escritores publicaban sus columnas para la comunidad rusa en el exilio. Aunque París fue el epicentro de la huida, España también recibió rusos blancos, aunque en menor número y con un perfil muy distinto. Mientras en París se forjó una Rusia cultural, en España la presencia rusa sirvió como puente literario para la traducción directa de grandes autores como Chéjov, Gorki o Andréyev. Tras el estallido de la Guerra Civil en 1936, muchos rusos blancos que vivían exiliados en Francia o Bruselas vieron en España el escenario perfecto para continuar su lucha contra el bolchevismo, formando un contingente de voluntarios en el bando sublevado, e ingresando en las filas de Requetés o en la Legión. La sierra madrileña en general, y El Escorial en particular, se convirtieron en parte del refugio de la alta nobleza rusa vinculados a la familia imperial y a la nobleza georgiana, en búsqueda de la paz que no ofrecía una Europa que, más tarde, sucumbiría a los estragos y consecuencias de la Segunda Guerra Mundial.

viernes, 13 de marzo de 2026

La España bolchevique


            La táctica principal de Lenin, descrita en las Tesis de Abril, no era otra que lograr la sustitución del sistema, en lugar de su reforma. Es decir, ocupar el Estado a través de las instituciones, los medios de comunicación o la educación. Para ello, era conveniente, antes que nada, polarizar la sociedad, para introducir más tarde el concepto de la lucha de clases, hoy adaptada a la sociedad de consumo, mediante un discurso elaborado frente a un enemigo imaginario, la ultraderecha, habida cuenta del rigor de su inexistencia como fuerza política con opciones reales de gobernar. El eje PSOE y sus socios de coalición, persigue la estalinización institucional, para ocupar y someter las estructuras de control del Estado. Previamente, ha sido necesario realizar una purga interna del partido, al igual que hizo Stalin con la vieja guardia revolucionaria, neutralizando a los constitucionalistas del 78 y, sustituyendo su vacío, por los de clara orientación globalista. Todo lo que no esté hoy alineado con el globalismo, se deslegitima bajo la hidalguía de lo antidemócrata, aunque la categoría agendística que atesora la dirección estratégica del Gobierno, asuma en su seno a las minorías que buscan la ruptura de España. La dictadura del proletariado, ha sido sustituida por el multiculturalismo, el control de la identidad mediante el algoritmo y por una masa clientelar sustitutiva de la sociedad civil, dependiente de la colectivización del sustento. En la España bolchevique de la agitación y la propaganda, el feminismo o el ecologismo radical no son sino entidades subvencionadas con dinero público, que actúan como nuevos comisarios políticos, vigilantes del pensamiento único aplicado a la erosión de la libertad individual, como elemento de control social. Para cerrar el círculo de la ingeniería social, la inmigración masiva y descontrolada que está aumentando los niveles de delincuencia y abaratando los precios de la mano de obra que beneficia a los grandes empresarios, no es un fenómeno humanitario, sino una herramienta de sustitución y consolidación del poder, a través de la nacionalización del voto y reserva del dumping laboral. Los salarios a la baja, destruyen el poder de negociación de la clase trabajadora, abocándola a la precariedad y haciéndola dependiente de los subsidios estatales. Todo ello, para que el delegado de la agenda globalista en el Gobierno, actúe como el ejecutor de las políticas emanadas de organimos supranacionales, como Davos o la Comisión Europea, en una geopolítica de sumisión en política exterior, y un soberanismo de colectivización y control estatal en política interior. Bajo el paraguas de la OTAN, esta estrategia resulta ajena a los intereses nacionales y servil a los dictados del dominio anglosionista y la alta finanza internacional; un oxímoron irrefutable donde la izquierda, supuesta defensora de la justicia social y la lucha contra el poder capitalista, abandera ahora su lucha ideológica.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Guerra de Irán


Aunque hablar de Siria sea sinónimo de referirse a un país de mayoría musulmana -compuesto mayoritariamente por sunníes, una minoría de alauíes y una todavía más reducida población drusa-, los cristianos sirios constituyen una de las comunidades más antiguas, vinculadas al origen mismo del cristianismo en Antioquía. De hecho, todavía existe una zona geográfica en la que se habla el arameo, la lengua de Jesús de Nazaret. Desde la guerra de Siria, el Estado Islámico ISIS o Daesh, y el grupo Hayat Tahrir al-Sham (HTS), liderado por Ahmad al-Sharaa, han llevado a cabo persecuciones y matanzas de estos grupos religiosos minoritarios, hasta el punto de haber quedado diezmados por el trauma y la emigración masiva, huyendo de una limpieza etnorreligiosa.

Otra comunidad asentada en el valle del Nilo, también cristiana, es la de los coptos, descendientes directos de los egipcios originales que habitaban la región en la época de los faraones. Según la tradición, su nacimiento se vincula a la iglesia fundada por san Marcos en Alejandría, alrededor del año 42 d.C. Su lengua puede testimoniarse como el último eco de los faraones de Egipto. Grupos afines al ISIS están perpetrando ataques mortales contra iglesias de este grupo religioso en El Cairo o Alejandría, secuestrando mujeres, forzando matrimonios y realizando conversiones obligadas al islam.  

El pueblo judío tiene su origen en las poblaciones semíticas de Canaán, hace unos tres mil años. Después de la diáspora, tras la dominación babilónica y romana, los judíos se dispersaron por el mundo. Hoy, esta comunidad está integrada por los mizrajíes (asentados en el Medio Oriente y la parte norte de África, son los judíos que no salieron de la región, y se establecieron en países como Irak, Irán o Yemen), los sefardíes (asentados en la península Ibérica, España y Portugal, expulsados en 1492,  y refugiados en el Imperio otomano, los Balcanes y el Magreb), y, por último, los asquenazíes, oriundos del centro de Europa, que se asentaron en países como Alemania y Francia durante la Edad Media y luego se expandieron a otros como Rusia y Polonia.

Aunque pudiera parecer contradictorio, dados los acontecimientos de plena actualidad en Medio Oriente, los árabes -incluidos los palestinos de la zona de Gaza, libaneses, sirios y jordanos- tienen un origen común, los antiguos cananeos de la Edad del Bronce. De este modo, los pueblos semitas pueden ser definidos como aquellos pueblos que hablan lenguas de la familia del cananeo, hebreo o arameo y, cabe señalar, que estas poblaciones han vivido de forma ininterrumpida a lo largo del tiempo en la misma tierra. Gaza ha recibido, además, el influjo de la cultura egipcia desde hace tres mil años.

Los judíos de Teherán, e Irán por extensión, constituyen a su vez una de las comunidades más antiguas de la humanidad. El rey Nabucodonosor II, tras destruir el Templo de Jerusalén, se llevó cautivos a los judíos a Babilonia, la región comprendida entre los actuales Irak e Irán. El rey persa Ciro, tras conquistar Babilonia, les permitió regresar a su tierra; sin embargo, una parte de la población judía decidió quedarse, estableciendo comunidades que han perdurado dos mil años hasta hoy.

La facción de asquenazíes -los líderes del sionismo actual y los padres del Estado moderno de Israel-, sumada a la rama judía de los jázaros (compuesta por los judíos que emigraron al oeste de Europa, Hungría o Polonia y se convirtieron en la base de la población asquenazí, según Arthur Koestler, autor de “La decimotercera tribu”), son quienes dominan los gobiernos de Estados Unidos e Israel, así como sus respectivos servicios de inteligencia y la alta finanza internacional. Fruto de los intereses geopolíticos y geoeconómicos en la región, las víctimas mortales del conflicto militar no son otras que el auténtico pueblo judío, los cristianos originales y los árabes o persas de la región, que han convivido en no pocas ocasiones a lo largo de milenios compartiendo el mismo vecindario. El estallido del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, supone por un lado una paradoja, que pone de manifiesto no una contradicción, sino una evidencia, que no es otra que el poder anglosionista y masónico constituye la fuerza que domina el tablero de ajedrez mundial, bajo la práctica del divide et impera, manteniendo el conflicto vivo entre pueblos que comparten una raíz genética, geográfica y cultural propia, en favor de sus propios intereses económicos y la apropiación de los recursos ajenos.