La táctica principal de Lenin, descrita en las Tesis de
Abril, no era otra que lograr la sustitución del sistema, en lugar de su reforma.
Es decir, ocupar el Estado a través de las instituciones, los medios de
comunicación o la educación. Para ello, era conveniente, antes que nada,
polarizar la sociedad, para introducir más tarde el concepto de la lucha de
clases, hoy adaptada a la sociedad de consumo, mediante un discurso elaborado
frente a un enemigo imaginario, la ultraderecha, habida cuenta del rigor de su
inexistencia como fuerza política con opciones reales de gobernar. El eje PSOE
y sus socios de coalición, persigue la estalinización institucional, para
ocupar y someter las estructuras de control del Estado. Previamente, ha sido
necesario realizar una purga interna del partido, al igual que hizo Stalin con
la vieja guardia revolucionaria, neutralizando a los constitucionalistas del 78
y, sustituyendo su vacío, por los de clara orientación globalista. Todo lo que
no esté hoy alineado con el globalismo, se deslegitima bajo la hidalguía de lo
antidemócrata, aunque la categoría agendística que atesora la dirección
estratégica del Gobierno, asuma en su seno a las minorías que buscan la ruptura
de España. La dictadura del proletariado, ha sido sustituida por el multiculturalismo,
el control de la identidad mediante el algoritmo y por una masa clientelar sustitutiva
de la sociedad civil, dependiente de la colectivización del sustento. En la
España bolchevique de la agitación y la propaganda, el feminismo o el ecologismo
radical no son sino entidades subvencionadas con dinero público, que actúan
como nuevos comisarios políticos, vigilantes del pensamiento único aplicado a
la erosión de la libertad individual, como elemento de control social. Para
cerrar el círculo de la ingeniería social, la inmigración masiva y
descontrolada que está aumentando los niveles de delincuencia y abaratando los
precios de la mano de obra que beneficia a los grandes empresarios, no es un
fenómeno humanitario, sino una herramienta de sustitución y consolidación del
poder, a través de la nacionalización del voto y reserva del dumping laboral. Los
salarios a la baja, destruyen el poder de negociación de la clase trabajadora,
abocándola a la precariedad y haciéndola dependiente de los subsidios
estatales. Todo ello, para que el delegado de la agenda globalista en el Gobierno,
actúe como el ejecutor de las políticas emanadas de organimos supranacionales,
como Davos o la Comisión Europea, en una geopolítica de sumisión en política
exterior, y un soberanismo de colectivización y control estatal en política
interior. Bajo el paraguas de la OTAN, esta estrategia resulta ajena a los
intereses nacionales y servil a los dictados del dominio anglosionista y la
alta finanza internacional; un oxímoron irrefutable donde la izquierda,
supuesta defensora de la justicia social y la lucha contra el poder
capitalista, abandera ahora su lucha ideológica.