lunes, 2 de febrero de 2026

Siglo de Oro


            “El Escorial es el símbolo máximo de la voluntad de Estado”. De Gaulle.

            La calle Floridablanca, en San Lorenzo de El Escorial, encarna el urbanismo del poder, un eje que enlaza el núcleo urbano con el Monasterio, convergiendo en su desplazamiento hacia la figura del Rey. Los espacios y las perspectivas giran entorno hacia la gran mole granítica que representa el edificio cuadrangular. Es una vista que empequeñece la presencia individual frente a la representación del Estado. Por esa calle, transitaron los secretarios y el resto de altos funcionarios reales, marcando, bajo el prisma de la psicogeografía, un reinado, el de Felipe II, sumido en la vorágine de papales y documentos, al ser el primer gobierno burocrático, evolucionado bajo el reinado de Carlos III en las dos Casas de Oficios y en la Casa del Ministerio de Estado, que albergaba la estancia del Primer Secretario de Estado. Un funcionariado salido de las aulas de cánones y leyes, semejantes al aula de Fray Luis de León, donde los estudiantes tenían que enfrentarse a tribunales como el de Santa Bárbara, una de las capillas de la catedral de Salamanca.

            La que es hoy biblioteca pública de Alcalá de Henares, ubicada en el edificio Cisneros, albergó las Cátedras de Artes y Gramática de los Colegios Menores, frente al Colegio Mayor de San Ildefonso, pertenecientes al epicentro de la vida universitaria que, coincidiendo con el final del reinado de Felipe II, supuso el momento de máximo esplendor y crecimiento de la Universidad de Alcalá de Henares, de la que formaron parte Lope de Vega, Quevedo o el propio Nebrija entre una larga e interminable lista de nombres ilustres. 

viernes, 30 de enero de 2026

Multiverso


            Desde la perspectiva de quienes observamos la realidad desde la ignorancia y la simultaneidad anclada en la curiosidad, caemos en la cuenta de que la física de vanguardia y la metafísica están cada vez más acortando las distancias que, en apariencia, las separaba. La religión y la hiperciencia ya no son campos de obligado enfrentamiento, sino lugares de encuentro, o al menos eso nos dicen los divulgadores que proponen teorías como la sugerida por Hugh Everett, que podrían explicar la conexión entre los eventos cuánticos y la bifurcación de la realidad, así como los cortocircuitos que permiten explicar las interacciones entre diferentes planos de aquella. Podría ocurrir, que ciertos estados alterados de conciencia, sintonizaran con un multiverso donde el tiempo no fluyera de pasado a futuro y en el que las partículas pudieran estar conectadas, al igual que la consciencia, a un nodo de información existente en un campo cuántico compartido. De ese modo, futuro y pasado estarían conectados. Según Everett, todas las posibilidades cuánticas ocurren en diferentes planos de la realidad, de modo que la consciencia puede tener acceso a una onda universal donde desaparece el límite temporal para percibir acontecimientos todavía no materializados en el presente. En esta línea, Lynne McTaggart, conectaría esa teoría científica con la experiencia propiamente humana, por lo que habría un campo donde existiría una red de información conectada con todo, a la que podríamos acceder desde nuestra mente. En este contexto, la línea de pensamiento o carga emocional, ya sea positiva o negativa, podría materializarse para pasar de un estado de energía a espesarse en el campo material, llegando incluso a crear objetos de la nada, como los famosos clavos expulsados por las personas sometidas a un fenómeno de posesión diabólica. Esas entidades mefistofélicas, no serían sino frecuencias vibratorias de bajo astral que se alimentan y manifiestan a través de la densidad emocional negativa de personas que, a su vez, se encuentran en sintonía con esa baja frecuencia y que están sujetas al desorden y la destrucción con la pretensión de alterar el orden natural de las cosas.

sábado, 24 de enero de 2026

Sociología


            Uno de los interrogantes fundamentales que debería ser resuelto por el estudio de la sociología y la ciencia política, es tratar de responder a la razón que motiva que la sociedad acepte la sumisión incondicional frente a las estructuras de poder que le son dadas, a pesar de que no miren por su interés e, incluso, se prodiguen en su contra. Qué mecanismos psicológicos, económicos o estructurales mueven a defender un sistema que no beneficia de forma directa a la población en su conjunto, es la cuestión de fondo que debería motivar cualquier tipo de análisis.

            Se alude a la necesidad de aferrarse a un orden, por injusto que sea, frente a un escenario de incertidumbre, fruto de la aversión al riesgo. A pesar de sus luchas internas, la élite funciona como un grupo cohesionado en defensa de sus propios intereses. Los oligarcas y la plutocracia, son los dueños de los bancos que proporcionan dinero, quienes controlan los flujos de información o gestionan las redes de suministro y los que generan empleo, por precario que este sea. En términos de Gramsci, las élites gobiernan no por la fuerza, sino por el consentimiento. La gente, en este punto, prefiere el asidero de una ideología, unos ingresos, por exiguos que sean, y un ocio con el que poder evadirse de la rutina, antes que afrontar cambios reales que puedan desembocar en un callejón sin salida. Por esa razón, el sistema se sirve de la predicación de sus valores y se asienta en el propósito de la aspiracionalidad, dejando que algunos de los subordinados accedan a ciertas cotas de poder, sin que puedan rivalizar con su dominio.

            El arma principal de la élite para gobernar a las masas, no es otra que la consecución de la división y la fragmentación de la población en términos de polarización de todo orden, ya sea ideológica, por razones de género o educación, provocada por la brecha tecnológica o por un simple nivel de pertenencia a un determinado grupo o clase social. La sociedad en su inacción, al no disponer de un modelo sólido que sirva de alternativa al statu quo, se somete por entero a las estructuras de poder, quedando relegada y aferrada a la trampa de un sistema injusto que la oprime bajo la ilusión de derechos y libertades, como único espejismo de garantía y seguridad.

Felipe II


            Felipe II, eliminando y sustituyendo en su labor la vieja aristocracia de sangre por una burocracia de funcionarios a su servicio y erigiendo en el ejercicio de su voluntad un centro de poder desde el que gobernar el mundo conocido, El Escorial, fue el gran edificador de un Estado. Desde su esforzado aislamiento, trabajó sin descanso como un hombre de estado en el mejor gobierno de sus dominios imperiales, extendidos a lo largo y ancho de los diferentes continentes.

Sin ningún género de lugar a dudas, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es una obra maestra, que se levanta a modo de templo de la sabiduría, sin esconder en modo alguno su carácter hermético, alquímico y de arquitectura edificada bajo los dictados de la geometría sagrada. El diseño de Juan de Herrena a modo de Templo de Salomón, guarda en su biblioteca mensajes claramente simbólicos u ocultos, pintados por Pellegrino Tibaldi a modo de mapa del conocimiento, donde se representan las artes liberales y donde se albergan libros prohibidos. Fue Felipe II un rey iniciado, o edificó el Escorial como centro de poder y de resistencia esotérica, frente a los antiguos linajes y elementos nobles que empezaban a dominar Roma y las finanzas de la época, y a tejer el entramado que ahora domina el mundo y que ahogó financieramente hablando, ya en su época, al propio Felipe II. Visto de ese modo, El Escorial podría ser visto como un elemento de una guerra simbólica frente a las élites invisibles que operaban en las cortes europeas, y frente a las cuales creó la burocracia interna y la Inquisición como herramienta de control frente a ese otro poder.

Brujería


            Dentro del ámbito de las élites mundiales y sus estructuras de poder, hay que matizar, en primer lugar, la diferenciación entre los linajes que componen, al más puro estilo romano, el cuerpo de los patricios, cuyo poder se centra en orquestar la estructura del entramado mundial bajo la similitud del trabajo realizado por un arquitecto o constructor, y la élite mundial propiamente dicha, entendiendo por tal concepto la cima del poder financiero y económico unido a las familias reales, aristocráticas o aquellas que ejercen el poder o tienen la suficiente influencia política para encargarse de ejecutar las órdenes del mencionado constructor. Todo el entramado, no funcionaría sin la organización de sociedades secretas, think tanks, grandes firmas jurídicas o instituciones formales o informales y un seudomisticismo como telón de fondo que aúne voluntades. Así las cosas, universidades como Yale, centros como Chatham House o el CFR, firmas como Sullivan & Cromwell, reuniones como las del Bohemian Club o Bilderberg, junto a sociedades como Skull & Bones, no son sino ejemplos de la estructura de segundo o tercer nivel que mueven los entramados de la operatividad jurídica, las órdenes ejecutivas de los servicios de inteligencia, la actuación de los ejércitos o las agendas políticas de ámbito estatal o doméstico.

La Constitución de 1812, vio la luz un 19 de marzo, día ligado en el esoterismo al símbolo del constructor, que usa la iluminación para crear un nuevo orden. Por su parte, la Constitución del 6 de diciembre de 1978, está ligada a ese día no por casualidad sino por su carga simbólica, como fecha en la que el velo entre los mundos se atenúa para grabar en el alma de una nación las decisiones sociales y políticas tomadas en ese momento. La fecha de entrada de España en la Unión Europea, se firmó el 12 de junio de 1985, día marcado por el número 12, como elemento constitutivo de las 12 estrellas de la bandera de la organización europea. Curiosamente, el fin de la Primera Guerra Mundial, tuvo lugar gracias al armisticio que puso fin a las hostilidades el día 11 de noviembre (mes 11) de 1918, firmado a las 11 horas de la mañana.

Lejos de toda racionalidad, la magia, la superstición y los rituales, como el de la inauguración del túnel de San Gotardo, habilitan y alimentan el mito bajo el que se anuda el nudo gordiano del poder y su estructura mediática u oculta bajo la sombra de la mera apariencia.

lunes, 19 de enero de 2026

Tensión


            No estamos asistiendo a un aumento descontrolado de la inestabilidad del tablero internacional, sino ante una demolición controlada del viejo orden. El diseño del nuevo mundo, requiere de una previa destrucción económica, acompañada de una fragmentación y polarización social extrema. El fin último de la guerra no sólo consiste en articular un sostenimiento de la estructura social, sino en reducir el número de la población mundial, y en permitir el control sobre la soberanía de los recursos energéticos, los minerales estratégicos o el suministro alimenticio. Por otra parte, el sistema conduce de forma inequívoca a un feudalismo tecnocrático. La renta básica universal, la identidad digital y la tokenización de la vida privada suponen el fin del papel que ejercía el Estado, para dar paso a una nueva gobernanza tecnológica de corte global. El conflicto de guerra total que se cierne sobre el futuro más inmediato, hay que entenderlo como un proceso industrial, cuyo propósito final no es otro que hacer que dos bloques choquen entre sí, uno occidental y otro oriental. Desde la lógica de la dialéctica del conflicto, los líderes mundiales ahora en aparente disputa, son la síntesis del Gran Reseteo, cuyo propósito último no es buscar la paz sino la reestructuración del dominio mundial, de modo que Trump no está luchando contra el Deep State o Putin contra el globalismo, sino que ambos son la ruta establecida para llegar a un Gobierno Mundial. Los dos, están implementando una infraestructura de control, dividido en bloques regionales, uno euroasiático de influencia rusa y otro panamericano de dominio norteamericano, como antesala de un gobierno único, y bajo el dogma de una competencia gestionada, en el que una élite provee de material militar, tecnología y créditos a ambos bandos. Estamos asistiendo a un enfrentamiento controlado, donde se está imponiendo la eliminación de la deuda del viejo mundo, la desaparición de la clase media o la aniquilación de la familia como último reducto de independencia moral o económica. Trump no es ningún verso suelto, como tampoco lo es Putin, sino que ambos están fragmentando el mundo e implantando el control digital mediante la identidad digital vinculada al nuevo dinero basado en las CBDC. El nuevo orden mundial es un sistema contable, una infraestructura que mueve la realidad económica al servicio de una élite. Es la farsa de la confrontación, como mecanismo para desarrollar la agenda impuesta desde arriba. No existe una mano negra que controla el mundo, sino una hoja de ruta financiera basada en la quiebra del sistema de deuda y la implantación de un modelo de consumo programable, donde la conducta esté controlada bajo una ruta manejada por la biopolítica y la geopolítca sumida en un caos gestionado y, todo ello, en el contexto de un choque existencial entre dos facciones en conflicto, el globalismo y el soberanismo, confrontados bajo un denominador común, como es el factor espiritual o la lucha última por controlar el alma del mundo. 

jueves, 1 de enero de 2026

Ludwig Wittgenstein

 

Ludwig Wittgenstein, habiendo nacido en una familia adinerada y tras haber completado sus estudios de ingeniería, se entregó por entero a la investigación filosófica, interesándose por la lógica y la filosofía del lenguaje. Estableció en su obra, el Tractatus Logico-Philosophicus, escrita en las trincheras en las que sirvió del lado del ejército austríaco durante la Primera Guerra Mundial, y como máxima expresión de sus ideas, que los límites del lenguaje son los límites del pensamiento. Tras la contienda, trabajó como maestro rural primero y profesor después en la Universidad de Cambridge. La renuncia de su fortuna familiar, el retiro en búsqueda de una sempiterna soledad desde la que extraer su pensamiento y la constante entrega a la originalidad de la investigación, convertirían con el tiempo al filósofo vienés en uno de los exponentes más influyentes de la filosofía del siglo XX.