lunes, 9 de febrero de 2026

Movimientos


“Sigue el dinero”. Todos los hombres del presidente. Alan J. Pakula.

En toda crisis, ya se trate del 11M, la crisis subprime de 2008, la pandemia del COVID, el estallido del conflicto armado en Ucrania, entre Israel y Gaza o entre aquel e Irán, existe siempre un pre-evento en la City o Wall Street bajo los prismáticos de movimientos masivos de fondos que operan bajo sus jurisdicciones o mediante derivados complejos que permiten que ciertos actores hagan el negocio con los acontecimientos que, después de la apuesta financiera, encuentran su posterior desarrollo y materialización. Tal circunstancia, invita a pensar que la información circula como una mercancía más por el entramado de ciertos despachos, y que se mueve de forma recurrente sobre la base de un inminente ataque, la ruptura de una tregua o la escalada de la tensión en una determinada parte del mundo. Tras el desarrollo del evento en cuestión, llega la segunda parte del acto, el negocio estratégico o la gestión de la volatilidad, fase en la que tiene lugar el ajuste de los precios del petróleo en Londres o Ginebra, se invierte en reconstrucción o en activos de deuda. El crédito aquí, vuelve a recorrer los mismos despachos y circuitos, enriqueciendo, curiosamente, a los mismos actores. Tras este momento, surge el escenario definitivo, la gestión del postconflicto, en el que los precios de los hidrocarburos ya no regresan a su posición original y los recursos caen en manos de los grandes fondos que gestionan el capitalismo del desastre o la geopolítica del caos. La guerra, como justificante del gasto, constituye el motor perfecto para la transferencia de capital hacia la industria de defensa o empresas tecnológicas, que maximizan su beneficio en el punto de inflexión más alto de cualquier reinicio, constituyendo un negocio para el capital financiero controlado por las familias dinásticas, que diversifican globalmente sus inversiones para que, al margen de quien gane la guerra, garanticen el ejercicio del control social sobre los gobiernos y el dinero termine en las cuentas de resultados del complejo industrial-militar que dirigen o los contratos de reconstrucción que firman.

Sólo podría paliarse la situación, mediante el posicionamiento del ajuste estratégico contra un posible corralito digital y el drenaje de liquidez, a través del logro de la inmunidad frente a las CBDC, la inversión en tierra cultivable como caja fuerte física a modo de activo refugio, el control de los recursos del agua, entendida ya como divisa de oro, la eliminación de los impuestos a la huella de carbono, la acumulación de metales estratégicos fuera de los mercados de futuros, en forma de reservas de oro, con los que poder hacer frente a una eventual ruptura de la cadena de suministros global o un conflicto que pueda provocar la devaluación del papel moneda.

Gnosis


            “Thomas Anderson es un brillante programador de una respetable compañía de software. Pero fuera del trabajo es Neo, un hacker que un día recibe una misteriosa visita”. Filmaffinity.

            Si bien pudiera parecer, la escena en la que Morfeo le ofrece la pastilla azul o roja a Neo, la representación del mito de la caverna platónica, lo cierto es que Matrix no es más que la gnosis tradicional llevada a la gran pantalla, bajo el disfraz de una película de ciencia ficción como telón de fondo, o excusa para solapar el dualismo que separa el mundo material del ilusorio o demiúrgico, la representación de los arquetipos o el dibujo de la chispa que pretende labrar la propia plenitud divina del ser humano, para que éste último pueda alcanzar, por medio del conocimiento, la salvación frente al Dios del Antiguo Testamento.

            Morfeo, Juan el Bautista, anuncia al que traerá la libertad, bajo la forma no de una figura crística, sino luciferina, Neo, quién gracias al Oráculo, la duda cartesiana de la razón y, a su propia voz interior, logra llevar a cabo la elección, no salvar a la humanidad atravesando la puerta que le ofrece el Arquitecto, Dios en el sentido bíblico, sino la que conduce hacia Trinity, o arquetipo de la encarnación de la materia, el deseo o los instintos. El Agente Smith, los dogmas religiosos, persiguen a Neo en su intento por mantener la Matrix en orden bajo los dictados del Creador, sin lograr su cometido, ya que al final Neo consigue destruirlo, y morir para renacer bajo la forma de un paisaje más colorido que la monocrómica ciudad, el cuidado de un sol naciente y una niña que simboliza el equivalente al feto estelar flotando en el universo al finalizar “2001: Una odisea en el espacio” de Kubrick, es decir, la simbólica y alquímica transmutación que supone saltar de un estado material a otro plano espiritual más evolucionado. El Oráculo le pregunta al Arquitecto si dejará que a partir de entonces el que quiera ser libre, podrá serlo, a lo que Dios asiente y da su palabra. No es el fracaso de Dios frente a la rebeldía del diablo, es la condescendencia de dejar otorgar la libertad para quien elija perderse, pueda hacerlo bajo su estricta y libre voluntad de elección.

miércoles, 4 de febrero de 2026

El fin de España


            Fue precisamente Ortega y Gasset quien, a expensas de los muros de la Casa de Oficios desde los que contemplaba los otros, los del monasterio de El Escorial, escribió Meditaciones del Quijote; "yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo". España, está bajo su propia circunstancia, o encrucijada, de la cual depende su futuro atado a un hilo que no supone su atadura y soporte, sino más bien su soga.

            La administración de Estados Unidos ha lanzado el efecto llamada que está provocando la desindustrialización de Europa, al atraer al conglomerado empresarial alemán y, europeo por extensión, con su Inflation Reduction Act, y los importantes incentivos fiscales que conlleva. España es un país de servicios, principalmente orientados al sector turístico y un hub logístico de referente europeo. El traslado empresarial hacia américa, no sólo supone un duro golpe a la economía nacional sino una auténtica acción de torpedear su línea de flotación que, unida al precio de oro al que se paga la energía verde, al exceso de deuda, al abaratamiento de la mano de obra y a la servidumbre de la oligarquía del tejido banquero y productivo español a la verdadera élite financiera y empresarial mundial, evocan la inmovilidad de un gobierno progresista de casi imposible desarraigo electoral, habida cuenta de la necesidad de crear una estabilidad social pragmática, que sea capaz de garantizar el libre mercado global en el sur de Europa, a salvo de convertirse en una colonia asiática. Un gobierno de derechas atraería el descontento, las protestas callejeras, las jornadas de huelga sindicales y la inestabilidad. Por el contrario, las élites nacionales saben que sólo un gobierno progresista, por corrupto que pueda resultar en la práctica, asegura la paz social en un país cuya inversión principal de capital y legislación se impone desde fuera de nuestras fronteras, ya sea a instancias de Bruselas o de fondos como BlackRock. La falta de soberanía monetaria, legislativa, militar y financiera, hacen de España una sucursal gobernada desde la aquiescencia del Ibex35 y su cuenta de resultados, al dictado de la agenda financiera global, en detrimento de la economía real de los españoles, el bien común y el futuro cotidiano de la nación.

            Si la circunstancia en el sentido orteguiano del término no se supera, el futuro más inmediato se traducirá en un incremento de la pérdida de poder adquisitivo, en más atadura a la deuda y en la presencia de un sistema de bienestar en peligro de extinción, a no ser que aquella se salve revitalizando la estrategia de tratar de recuperar la soberanía real conteniendo la deuda y poniendo un dique al dominio de los fondos de inversión, o promoviendo la reindustrialización estratégica gracias a un impulso de la soberanía energética.

lunes, 2 de febrero de 2026

Siglo de Oro


            “El Escorial es el símbolo máximo de la voluntad de Estado”. De Gaulle.

            La calle Floridablanca, en San Lorenzo de El Escorial, encarna el urbanismo del poder, un eje que enlaza el núcleo urbano con el Monasterio, convergiendo en su desplazamiento hacia la figura del Rey. Los espacios y las perspectivas giran entorno hacia la gran mole granítica que representa el edificio cuadrangular. Es una vista que empequeñece la presencia individual frente a la representación del Estado. Por esa calle, transitaron los secretarios y el resto de altos funcionarios reales, marcando, bajo el prisma de la psicogeografía, un reinado, el de Felipe II, sumido en la vorágine de papales y documentos, al ser el primer gobierno burocrático, evolucionado bajo el reinado de Carlos III en las dos Casas de Oficios y en la Casa del Ministerio de Estado, que albergaba la estancia del Primer Secretario de Estado. Un funcionariado salido de las aulas de cánones y leyes, semejantes al aula de Fray Luis de León, donde los estudiantes tenían que enfrentarse a tribunales como el de Santa Bárbara, una de las capillas de la catedral de Salamanca.

            La que es hoy biblioteca pública de Alcalá de Henares, ubicada en el edificio Cisneros, albergó las Cátedras de Artes y Gramática de los Colegios Menores, frente al Colegio Mayor de San Ildefonso, pertenecientes al epicentro de la vida universitaria que, coincidiendo con el final del reinado de Felipe II, supuso el momento de máximo esplendor y crecimiento de la Universidad de Alcalá de Henares, de la que formaron parte Lope de Vega, Quevedo o el propio Nebrija entre una larga e interminable lista de nombres ilustres. 

viernes, 30 de enero de 2026

Multiverso


            Desde la perspectiva de quienes observamos la realidad desde la ignorancia y la simultaneidad anclada en la curiosidad, caemos en la cuenta de que la física de vanguardia y la metafísica están cada vez más acortando las distancias que, en apariencia, las separaba. La religión y la hiperciencia ya no son campos de obligado enfrentamiento, sino lugares de encuentro, o al menos eso nos dicen los divulgadores que proponen teorías como la sugerida por Hugh Everett, que podrían explicar la conexión entre los eventos cuánticos y la bifurcación de la realidad, así como los cortocircuitos que permiten explicar las interacciones entre diferentes planos de aquella. Podría ocurrir, que ciertos estados alterados de conciencia, sintonizaran con un multiverso donde el tiempo no fluyera de pasado a futuro y en el que las partículas pudieran estar conectadas, al igual que la consciencia, a un nodo de información existente en un campo cuántico compartido. De ese modo, futuro y pasado estarían conectados. Según Everett, todas las posibilidades cuánticas ocurren en diferentes planos de la realidad, de modo que la consciencia puede tener acceso a una onda universal donde desaparece el límite temporal para percibir acontecimientos todavía no materializados en el presente. En esta línea, Lynne McTaggart, conectaría esa teoría científica con la experiencia propiamente humana, por lo que habría un campo donde existiría una red de información conectada con todo, a la que podríamos acceder desde nuestra mente. En este contexto, la línea de pensamiento o carga emocional, ya sea positiva o negativa, podría materializarse para pasar de un estado de energía a espesarse en el campo material, llegando incluso a crear objetos de la nada, como los famosos clavos expulsados por las personas sometidas a un fenómeno de posesión diabólica. Esas entidades mefistofélicas, no serían sino frecuencias vibratorias de bajo astral que se alimentan y manifiestan a través de la densidad emocional negativa de personas que, a su vez, se encuentran en sintonía con esa baja frecuencia y que están sujetas al desorden y la destrucción con la pretensión de alterar el orden natural de las cosas.

sábado, 24 de enero de 2026

Sociología


            Uno de los interrogantes fundamentales que debería ser resuelto por el estudio de la sociología y la ciencia política, es tratar de responder a la razón que motiva que la sociedad acepte la sumisión incondicional frente a las estructuras de poder que le son dadas, a pesar de que no miren por su interés e, incluso, se prodiguen en su contra. Qué mecanismos psicológicos, económicos o estructurales mueven a defender un sistema que no beneficia de forma directa a la población en su conjunto, es la cuestión de fondo que debería motivar cualquier tipo de análisis.

            Se alude a la necesidad de aferrarse a un orden, por injusto que sea, frente a un escenario de incertidumbre, fruto de la aversión al riesgo. A pesar de sus luchas internas, la élite funciona como un grupo cohesionado en defensa de sus propios intereses. Los oligarcas y la plutocracia, son los dueños de los bancos que proporcionan dinero, quienes controlan los flujos de información o gestionan las redes de suministro y los que generan empleo, por precario que este sea. En términos de Gramsci, las élites gobiernan no por la fuerza, sino por el consentimiento. La gente, en este punto, prefiere el asidero de una ideología, unos ingresos, por exiguos que sean, y un ocio con el que poder evadirse de la rutina, antes que afrontar cambios reales que puedan desembocar en un callejón sin salida. Por esa razón, el sistema se sirve de la predicación de sus valores y se asienta en el propósito de la aspiracionalidad, dejando que algunos de los subordinados accedan a ciertas cotas de poder, sin que puedan rivalizar con su dominio.

            El arma principal de la élite para gobernar a las masas, no es otra que la consecución de la división y la fragmentación de la población en términos de polarización de todo orden, ya sea ideológica, por razones de género o educación, provocada por la brecha tecnológica o por un simple nivel de pertenencia a un determinado grupo o clase social. La sociedad en su inacción, al no disponer de un modelo sólido que sirva de alternativa al statu quo, se somete por entero a las estructuras de poder, quedando relegada y aferrada a la trampa de un sistema injusto que la oprime bajo la ilusión de derechos y libertades, como único espejismo de garantía y seguridad.

Felipe II


            Felipe II, eliminando y sustituyendo en su labor la vieja aristocracia de sangre por una burocracia de funcionarios a su servicio y erigiendo en el ejercicio de su voluntad un centro de poder desde el que gobernar el mundo conocido, El Escorial, fue el gran edificador de un Estado. Desde su esforzado aislamiento, trabajó sin descanso como un hombre de estado en el mejor gobierno de sus dominios imperiales, extendidos a lo largo y ancho de los diferentes continentes.

Sin ningún género de lugar a dudas, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es una obra maestra, que se levanta a modo de templo de la sabiduría, sin esconder en modo alguno su carácter hermético, alquímico y de arquitectura edificada bajo los dictados de la geometría sagrada. El diseño de Juan de Herrena a modo de Templo de Salomón, guarda en su biblioteca mensajes claramente simbólicos u ocultos, pintados por Pellegrino Tibaldi a modo de mapa del conocimiento, donde se representan las artes liberales y donde se albergan libros prohibidos. Fue Felipe II un rey iniciado, o edificó el Escorial como centro de poder y de resistencia esotérica, frente a los antiguos linajes y elementos nobles que empezaban a dominar Roma y las finanzas de la época, y a tejer el entramado que ahora domina el mundo y que ahogó financieramente hablando, ya en su época, al propio Felipe II. Visto de ese modo, El Escorial podría ser visto como un elemento de una guerra simbólica frente a las élites invisibles que operaban en las cortes europeas, y frente a las cuales creó la burocracia interna y la Inquisición como herramienta de control frente a ese otro poder.