No sólo las grandes corporaciones extraen nuestra información para ilegalmente cederla a terceros interesados, o hacer un uso exacto de la misma. Cada vez más y en un grado creciente, desde la compañía telefónica a la de seguros, desde el seguro médico hasta los partidos políticos, nuestros datos campan a sus anchas al servicio de intereses creados y nada transparentes. La publicidad hecha a medida del destinatario, el candidato presentado a gusto de lo que demanda el elector o los servicios ofrecidos a costa del poder adquisitivo del cliente, mediatizan el resultado del perfil elaborado por los algoritmos que nos vigilan de forma constante, con o sin nuestro consentimiento.
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