Si ya nada lo
remedia, la conclusión inevitable que arroja un escrutinio insalvable determina
la irremediable colusión explícita de una élite y el final de los valores de la
milenaria civilización occidental. El control que podrá llegar a ejercer la
nueva tecnología que se está implantando, como herramienta de gestión de datos
a gran escala de todos los ciudadanos, permitirá diagnosticar patrones de
conducta, gestionar a la sociedad en su conjunto y ejercer una manipulación
unilateral, sin ninguna arquitectura posible de contrapesos. La asimetría de la
información, provocará que el poder sabrá todo sobe el ciudadano, y éste nada
sobre el funcionamiento de la maquinaria de aquel. Pero lo más preocupante, es
que el nuevo sistema permitirá el uso de algoritmos predictivos, que podrán
castigar conductas antes de que ocurran, terminando así con toda la tradición
jurídico-penal basada en la presunción de inocencia, el valor de la prueba y la
universalidad y publicidad de la ley. De este modo, ya no existirá un código de
leyes ordenadoras de la sociedad, sino que aquel será sustituido por un ojo que
vigilará a modo de amenaza de castigo a una población observada bajo la lupa de
la tecnología al margen de cualquier parlamento.