sábado, 18 de julio de 2026

Campus Party

  

Corría el año 1997 cuando España se erigió en la cuna de uno de los festivales más internacionales, importantes, creativos y libres del mundo. La tecnología, la cultura digital, la ciencia y la innovación, se dieron cita al abrigo de un evento global que atrajo a todo tipo de programadores, desarrolladores de videojuegos, estudiantes, ingenieros informáticos, emprendedores y grandes marcas de empresas relacionadas con la robótica, la astronomía, la biotecnología, el diseño, el arte digital, el software o la programación. La zona de acampada, ubicada dentro del propio recinto, no se convirtió sino en una gran acumulación de tiendas de campaña y participantes acomodados a la intemperie de un evento famoso por ofrecer una conexión de alta velocidad de internet, no disponible para el usuario de entonces, que permitía realizar descargas, programar o intercambiar partidas sin interrupciones.

De ser la referencia de la vanguardia en tecnología y de proyectar al mundo entero un espíritu de libertad ofrecida por medio de la imagen de una reunión informal de geeks, bajo la organización de un evento de gran relevancia y proyección internacional, el panorama político español hizo que a partir del año 2011 todo aquello se esfumase al amparo de los recortes presupuestarios, para dar paso y conectar con la crisis económica global, el desgaste institucional  y el auge de los nuevos movimientos sociales, llámese Movimiento 15M y los indignados, la irrupción de Podemos o la llegada de los gobiernos de coalición, a lo que más tarde habría que añadir el tinte de la  corrupción y el descrédito generalizado.

Si bien durante el siglo XIX no existieron gobiernos de coalición en el sentido moderno del término, los partidos creados para aglutinar sectores o la directa firma de pactos para unir distintas facciones, desembocaron en alianzas inestables que provocaron crisis institucionales. De los albores del futuro del Campus Party, hemos retrocedido en apenas unos años al ámbito de lo abyectamente decimonónico, recuperando las ideologías de entonces, la polarización y la desigualdad social, los pucherazos, la emergencia de los nacionalismos periféricos, la crisis económica o la corrupción como motor mismo del sistema.