Dentro del ámbito de las élites mundiales y sus
estructuras de poder, hay que matizar, en primer lugar, la diferenciación entre
los linajes que componen, al más puro estilo romano, el cuerpo de los
patricios, cuyo poder se centra en orquestar la estructura del entramado mundial
bajo la similitud del trabajo realizado por un arquitecto o constructor, y la
élite mundial propiamente dicha, entendiendo por tal concepto la cima del poder
financiero y económico unido a las familias reales, aristocráticas o aquellas
que ejercen el poder o tienen la suficiente influencia política para encargarse
de ejecutar las órdenes del mencionado constructor. Todo el entramado, no
funcionaría sin la organización de sociedades secretas, think tanks, grandes
firmas jurídicas o instituciones formales o informales y un seudomisticismo
como telón de fondo que aúne voluntades. Así las cosas, universidades como Yale,
centros como Chatham House o el CFR, firmas como Sullivan & Cromwell, reuniones
como las del Bohemian Club o Bilderberg, junto a sociedades como Skull &
Bones, no son sino ejemplos de la estructura de segundo o tercer nivel que
mueven los entramados de la operatividad jurídica, las órdenes ejecutivas de los
servicios de inteligencia, la actuación de los ejércitos o las agendas políticas
de ámbito estatal o doméstico.
La
Constitución de 1812, vio la luz un 19 de marzo, día ligado en el esoterismo al
símbolo del constructor, que usa la iluminación para crear un nuevo orden. Por su parte, la
Constitución del 6 de diciembre de 1978, está ligada a ese día no por
casualidad sino por su carga simbólica, como fecha en la que el velo entre los
mundos se atenúa para grabar en el alma de una nación las decisiones sociales y
políticas tomadas en ese momento. La fecha de entrada de España en la Unión
Europea, se firmó el 12 de junio de 1985, día marcado por el número 12, como elemento
constitutivo de las 12 estrellas de la bandera de la organización europea.
Curiosamente, el fin de la Primera Guerra Mundial, tuvo lugar gracias al
armisticio que puso fin a las hostilidades el día 11 de noviembre (mes 11) de
1918, firmado a las 11 horas de la mañana.
Lejos
de toda racionalidad, la magia, la superstición y los rituales, como el de la
inauguración del túnel de San Gotardo, habilitan y alimentan el mito bajo el
que se anuda el nudo gordiano del poder y su estructura mediática u oculta bajo
la sombra de la mera apariencia.
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