lunes, 19 de enero de 2026

Tensión


            No estamos asistiendo a un aumento descontrolado de la inestabilidad del tablero internacional, sino ante una demolición controlada del viejo orden. El diseño del nuevo mundo, requiere de una previa destrucción económica, acompañada de una fragmentación y polarización social extrema. El fin último de la guerra no sólo consiste en articular un sostenimiento de la estructura social, sino en reducir el número de la población mundial, y en permitir el control sobre la soberanía de los recursos energéticos, los minerales estratégicos o el suministro alimenticio. Por otra parte, el sistema conduce de forma inequívoca a un feudalismo tecnocrático. La renta básica universal, la identidad digital y la tokenización de la vida privada suponen el fin del papel que ejercía el Estado, para dar paso a una nueva gobernanza tecnológica de corte global. El conflicto de guerra total que se cierne sobre el futuro más inmediato, hay que entenderlo como un proceso industrial, cuyo propósito final no es otro que hacer que dos bloques choquen entre sí, uno occidental y otro oriental. Desde la lógica de la dialéctica del conflicto, los líderes mundiales ahora en aparente disputa, son la síntesis del Gran Reseteo, cuyo propósito último no es buscar la paz sino la reestructuración del dominio mundial, de modo que Trump no está luchando contra el Deep State o Putin contra el globalismo, sino que ambos son la ruta establecida para llegar a un Gobierno Mundial. Los dos, están implementando una infraestructura de control, dividido en bloques regionales, uno euroasiático de influencia rusa y otro panamericano de dominio norteamericano, como antesala de un gobierno único, y bajo el dogma de una competencia gestionada, en el que una élite provee de material militar, tecnología y créditos a ambos bandos. Estamos asistiendo a un enfrentamiento controlado, donde se está imponiendo la eliminación de la deuda del viejo mundo, la desaparición de la clase media o la aniquilación de la familia como último reducto de independencia moral o económica. Trump no es ningún verso suelto, como tampoco lo es Putin, sino que ambos están fragmentando el mundo e implantando el control digital mediante la identidad digital vinculada al nuevo dinero basado en las CBDC. El nuevo orden mundial es un sistema contable, una infraestructura que mueve la realidad económica al servicio de una élite. Es la farsa de la confrontación, como mecanismo para desarrollar la agenda impuesta desde arriba. No existe una mano negra que controla el mundo, sino una hoja de ruta financiera basada en la quiebra del sistema de deuda y la implantación de un modelo de consumo programable, donde la conducta esté controlada bajo una ruta manejada por la biopolítica y la geopolítca sumida en un caos gestionado y, todo ello, en el contexto de un choque existencial entre dos facciones en conflicto, el globalismo y el soberanismo, confrontados bajo un denominador común, como es el factor espiritual o la lucha última por controlar el alma del mundo. 

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