sábado, 24 de enero de 2026

Felipe II


            Felipe II, eliminando y sustituyendo en su labor la vieja aristocracia de sangre por una burocracia de funcionarios a su servicio y erigiendo en el ejercicio de su voluntad un centro de poder desde el que gobernar el mundo conocido, El Escorial, fue el gran edificador de un Estado. Desde su esforzado aislamiento, trabajó sin descanso como un hombre de estado en el mejor gobierno de sus dominios imperiales, extendidos a lo largo y ancho de los diferentes continentes.

Sin ningún género de lugar a dudas, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es una obra maestra, que se levanta a modo de templo de la sabiduría, sin esconder en modo alguno su carácter hermético, alquímico y de arquitectura edificada bajo los dictados de la geometría sagrada. El diseño de Juan de Herrena a modo de Templo de Salomón, guarda en su biblioteca mensajes claramente simbólicos u ocultos, pintados por Pellegrino Tibaldi a modo de mapa del conocimiento, donde se representan las artes liberales y donde se albergan libros prohibidos. Fue Felipe II un rey iniciado, o edificó el Escorial como centro de poder y de resistencia esotérica, frente a los antiguos linajes y elementos nobles que empezaban a dominar Roma y las finanzas de la época, y a tejer el entramado que ahora domina el mundo y que ahogó financieramente hablando, ya en su época, al propio Felipe II. Visto de ese modo, El Escorial podría ser visto como un elemento de una guerra simbólica frente a las élites invisibles que operaban en las cortes europeas, y frente a las cuales creó la burocracia interna y la Inquisición como herramienta de control frente a ese otro poder.

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