sábado, 24 de enero de 2026

Sociología


            Uno de los interrogantes fundamentales que debería ser resuelto por el estudio de la sociología y la ciencia política, es tratar de responder a la razón que motiva que la sociedad acepte la sumisión incondicional frente a las estructuras de poder que le son dadas, a pesar de que no miren por su interés e, incluso, se prodiguen en su contra. Qué mecanismos psicológicos, económicos o estructurales mueven a defender un sistema que no beneficia de forma directa a la población en su conjunto, es la cuestión de fondo que debería motivar cualquier tipo de análisis.

            Se alude a la necesidad de aferrarse a un orden, por injusto que sea, frente a un escenario de incertidumbre, fruto de la aversión al riesgo. A pesar de sus luchas internas, la élite funciona como un grupo cohesionado en defensa de sus propios intereses. Los oligarcas y la plutocracia, son los dueños de los bancos que proporcionan dinero, quienes controlan los flujos de información o gestionan las redes de suministro y los que generan empleo, por precario que este sea. En términos de Gramsci, las élites gobiernan no por la fuerza, sino por el consentimiento. La gente, en este punto, prefiere el asidero de una ideología, unos ingresos, por exiguos que sean, y un ocio con el que poder evadirse de la rutina, antes que afrontar cambios reales que puedan desembocar en un callejón sin salida. Por esa razón, el sistema se sirve de la predicación de sus valores y se asienta en el propósito de la aspiracionalidad, dejando que algunos de los subordinados accedan a ciertas cotas de poder, sin que puedan rivalizar con su dominio.

            El arma principal de la élite para gobernar a las masas, no es otra que la consecución de la división y la fragmentación de la población en términos de polarización de todo orden, ya sea ideológica, por razones de género o educación, provocada por la brecha tecnológica o por un simple nivel de pertenencia a un determinado grupo o clase social. La sociedad en su inacción, al no disponer de un modelo sólido que sirva de alternativa al statu quo, se somete por entero a las estructuras de poder, quedando relegada y aferrada a la trampa de un sistema injusto que la oprime bajo la ilusión de derechos y libertades, como único espejismo de garantía y seguridad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario