Ludwig
Wittgenstein, habiendo nacido en una familia adinerada y tras haber completado
sus estudios de ingeniería, se entregó por entero a la investigación filosófica,
interesándose por la lógica y la filosofía del lenguaje. Estableció en su obra,
el Tractatus Logico-Philosophicus, escrita en las trincheras en
las que sirvió del lado del ejército austríaco durante la Primera Guerra
Mundial, y como máxima expresión de sus ideas, que los límites del lenguaje son
los límites del pensamiento. Tras la contienda, trabajó como maestro rural primero
y profesor después en la Universidad de Cambridge. La renuncia de su fortuna
familiar, el retiro en búsqueda de una sempiterna soledad desde la que extraer
su pensamiento y la constante entrega a la originalidad de la investigación,
convertirían con el tiempo al filósofo vienés en uno de los exponentes más
influyentes de la filosofía del siglo XX.
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