“Algunos incluso creen que somos
parte de una cábala secreta que trabaja en contra de los mejores intereses de los Estados Unidos, conspirando con
otros en todo el mundo para construir una estructura política global; un mundo
único, si se quiere. Si esa es la acusación, me declaro culpable, y estoy
orgulloso de ello.” David Rockefeller.
A
estas alturas, ya no es significativa la ausencia de cualquier atisbo de transparencia
que impida vislumbrar la realidad efectiva de la existencia de una estructura
de poder, que mira por sus únicos intereses en aras de poder lograr una
gobernanza global. La consecución de un gobierno mundial, ha sido revelada en
su día en pública y notaria publicidad escrita por David Rockefeller, así como
por otros autores de notoria relevancia.
El
juego del tablero mundial, sus crisis y conflictos, no son sino el resultado
manifiesto en un segundo orden de una reconfiguración a nivel geopolítico supeditada
al ejercicio del poder del sistema financiero. La desglobalización, el
nearshoring o proteccionismo industrial llevado a cabo por las grandes
potencias, la persecución de la autonomía estratégica o la implementación por
parte de los fondos de inversión de la economía regenerativa con la excusa del
cambio climático, en un contexto de digitalización y auge de la IA, están modificando
el modelo económico y la propia arquitectura del sistema financiero.
En
este contexto, ha surgido un nuevo concepto que aúna el área de influencia de
la esfera del capitalismo con una fusión de los estados bajo una arquitectura
internacional, que ha agrupado a los diferentes países bajo la organización de
uniones continentales, como paso previo a la instauración de un gobierno único
de alcance global. Para ello, se ha tejido toda una red de organismos
internacionales, entre los que destacan los futuros nodos de una gobernanza
mundial ya en ciernes.
La
desintegración política y territorial de las naciones, bajo el dictado de un
orden basado en la cesión de soberanía, no sólo implica la necesidad de someter
su destino a una organización supranacional, sino atacar en sí su propia identidad,
por ello no es casual la apertura de las fronteras a la inmigración masiva en
Europa. La nueva normalidad, entraña una desregulación que conlleva el tráfico
del comercio libre del capitalismo a nivel planetario, mientras se ejerce al
mismo tiempo sobre la población el ejercicio del control social y la vigilancia
masiva de corporaciones como Palantir Technologies, a través del big data, la inteligencia
artificial y la vigilancia estatal, a través de la infraestructura técnica que permite
a los gobiernos y sus cuerpos de seguridad rastrear, predecir y monitorizar todo
el comportamiento de los ciudadanos. Una población, sometida al control de su crecimiento,
a través de políticas maltusianas dirigidas a evitar su crecimiento
descontrolado, bien sea mediante la instauración de los nuevos derechos o la financiación
y difusión de movimientos sociales, al amparo de las agendas sostenidas y
financiadas por las élites financieras.