jueves, 1 de octubre de 2026

El decreto Maricarmen


            El año pasado, según los datos oficiales del Consejo General del Poder Judicial, se practicaron un total de 25.540 desahucios en España. Que se haya abierto un debate que ha eclipsado circunstancialmente la extrema situación de gravedad que se está viviendo en Ceuta, no es ni una cortina de humo ni un hecho aislado protagonizado por una sola persona de nombre Maricarmen. El trasfondo del impacto del conocido como Real Decreto de medidas urgentes en materia de vivienda no se ha improvisado. La agenda de fondo no es otra que el desarrollo de un paso más para abolir la propiedad privada, esto es, la tenencia en propiedad de una vivienda. De largo ha sido un problema arraigado en América Latina, donde el mercado inmobiliario se ha visto en los últimos años intervenido por la acción estatal, en aras de un fuerte intervencionismo en forma de limitaciones al libre mercado y a los derechos de los propietarios. El ejemplo paradigmático no ha sido otro que Venezuela, a través de leyes que se han promulgado para regular y controlar los arrendamientos de viviendas, ejercer un férreo control sobre los alquileres y endurecer los procesos de desalojo o llevar a cabo procesos de expropiación de viviendas bajo el pretexto del interés social. Otro ejemplo ha sido Argentina, por medio de la Ley de Alquileres, que ha provocado la retirada de innumerables inmuebles del mercado de alquiler contrayendo la oferta disponible. A pesar de la intención aparente del Gobierno español de pretender combatir la acción de los fondos buitre, lo cierto es que las medidas como la prórroga de los contratos, las limitaciones estrictas en las actualizaciones de los alquileres y la obligación de indemnizar en ciertos supuestos de no renovación generan inseguridad jurídica que expulsa del mercado a los pequeños propietarios que terminan por vender sus inmuebles, por lo que la absorción masiva de tales viviendas al final del día recae en los mismos fondos que son los que tienen el margen de maniobra necesario para comprar activos inmobiliarios, provocando una reducción de la oferta y un aumento final de los precios que incide sobre el circuito de alquiler tradicional y la dificultad para acceder a una vivienda, especialmente por parte de la clase trabajadora a quien el socialismo en el poder argumenta defender.

            Por si fuera poco, los fondos de inversión que han acumulado inmuebles, muchos de ellos procedentes de ejecuciones hipotecarias, están sujetos a provisiones y depreciaciones si los activos no generan liquidez. La normativa, como la que acaba de ser aprobada, sirve de base para que los fondos reestructuren el valor contable de sus activos en los balances, recalifiquen carteras de deuda, efectúen ajustes fiscales, actualicen su contabilidad ante los inversores internacionales y procedan a sanear carteras, revender paquetes y titularizar deudas.