Desde la perspectiva de quienes observamos la realidad
desde la ignorancia y la simultaneidad anclada en la curiosidad, caemos en la
cuenta de que la física de vanguardia y la metafísica están cada vez más
acortando las distancias que, en apariencia, las separaba. La religión y la hiperciencia
ya no son campos de obligado enfrentamiento, sino lugares de encuentro, o al
menos eso nos dicen los divulgadores que proponen teorías como la sugerida por
Hugh Everett, que podrían explicar la conexión entre los eventos cuánticos y la
bifurcación de la realidad, así como los cortocircuitos que permiten explicar las
interacciones entre diferentes planos de aquella. Podría ocurrir, que ciertos
estados alterados de conciencia, sintonizaran con un multiverso donde el tiempo
no fluyera de pasado a futuro y en el que las partículas pudieran estar
conectadas, al igual que la consciencia, a un nodo de información existente en
un campo cuántico compartido.
De ese modo, futuro y pasado estarían conectados. Según Everett, todas las
posibilidades cuánticas ocurren en diferentes planos de la realidad, de modo
que la consciencia puede tener acceso a una onda universal donde desaparece el
límite temporal para percibir acontecimientos todavía no materializados en el
presente. En esta línea, Lynne McTaggart, conectaría esa teoría científica con
la experiencia propiamente humana, por lo que habría un campo donde existiría
una red de información conectada con todo, a la que podríamos acceder desde
nuestra mente. En este contexto, la línea de pensamiento o carga emocional, ya
sea positiva o negativa, podría materializarse para pasar de un estado de
energía a espesarse en el campo material, llegando incluso a crear objetos de
la nada, como los famosos clavos expulsados por las personas sometidas a un
fenómeno de posesión diabólica. Esas entidades mefistofélicas, no serían sino
frecuencias vibratorias de bajo astral que se alimentan y manifiestan a través de
la densidad emocional negativa de personas que, a su vez, se encuentran en
sintonía con esa baja frecuencia y que están sujetas al desorden y la
destrucción con la pretensión de alterar el orden natural de las cosas.
viernes, 30 de enero de 2026
Multiverso
sábado, 24 de enero de 2026
Sociología
Uno de los interrogantes fundamentales que debería ser
resuelto por el estudio de la sociología y la ciencia política, es tratar de responder
a la razón que motiva que la sociedad acepte la sumisión incondicional frente a
las estructuras de poder que le son dadas, a pesar de que no miren por su
interés e, incluso, se prodiguen en su contra. Qué mecanismos psicológicos,
económicos o estructurales mueven a defender un sistema que no beneficia de
forma directa a la población en su conjunto, es la cuestión de fondo que
debería motivar cualquier tipo de análisis.
Se alude a la necesidad de aferrarse a un orden, por
injusto que sea, frente a un escenario de incertidumbre, fruto de la aversión
al riesgo. A pesar de sus luchas internas, la élite funciona como un grupo
cohesionado en defensa de sus propios intereses. Los oligarcas y la plutocracia,
son los dueños de los bancos que proporcionan dinero, quienes controlan los
flujos de información o gestionan las redes de suministro y los que generan
empleo, por precario que este sea. En términos de Gramsci, las élites gobiernan
no por la fuerza, sino por el consentimiento. La gente, en este punto, prefiere
el asidero de una ideología, unos ingresos, por exiguos que sean, y un ocio con
el que poder evadirse de la rutina, antes que afrontar cambios reales que
puedan desembocar en un callejón sin salida. Por esa razón, el sistema se sirve
de la predicación de sus valores y se asienta en el propósito de la
aspiracionalidad, dejando que algunos de los subordinados accedan a ciertas
cotas de poder, sin que puedan rivalizar con su dominio.
El arma principal de la élite para gobernar a las masas, no
es otra que la consecución de la división y la fragmentación de la población en
términos de polarización de todo orden, ya sea ideológica, por razones de
género o educación, provocada por la brecha tecnológica o por un simple nivel
de pertenencia a un determinado grupo o clase social. La sociedad en su
inacción, al no disponer de un modelo sólido que sirva de alternativa al statu
quo, se somete por entero a las estructuras de poder, quedando relegada y
aferrada a la trampa de un sistema injusto que la oprime bajo la ilusión de
derechos y libertades, como único espejismo de garantía y seguridad.
Felipe II
Felipe II, eliminando y sustituyendo en su labor la vieja
aristocracia de sangre por una burocracia de funcionarios a su servicio y
erigiendo en el ejercicio de su voluntad un centro de poder desde el que gobernar
el mundo conocido, El Escorial, fue el gran edificador de
un Estado. Desde su esforzado aislamiento, trabajó sin descanso como un hombre
de estado en el mejor gobierno de sus dominios imperiales, extendidos a lo
largo y ancho de los diferentes continentes.
Sin
ningún género de lugar a dudas, el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial es
una obra maestra, que se levanta a modo de templo de la sabiduría, sin esconder
en modo alguno su carácter hermético, alquímico y de arquitectura edificada
bajo los dictados de la geometría sagrada. El diseño de Juan de Herrena a modo
de Templo de Salomón, guarda en su biblioteca mensajes claramente simbólicos u
ocultos, pintados por Pellegrino Tibaldi a modo de mapa del conocimiento, donde
se representan las artes liberales y donde se albergan libros prohibidos. Fue
Felipe II un rey iniciado, o edificó el Escorial como centro de poder y de
resistencia esotérica, frente a los antiguos linajes y elementos nobles que
empezaban a dominar Roma y las finanzas de la época, y a tejer el entramado que
ahora domina el mundo y que ahogó financieramente hablando, ya en su época, al
propio Felipe II. Visto de ese modo, El Escorial podría ser visto como un
elemento de una guerra simbólica frente a las élites invisibles que operaban en
las cortes europeas, y frente a las cuales creó la burocracia interna y la
Inquisición como herramienta de control frente a ese otro poder.
Brujería
Dentro del ámbito de las élites mundiales y sus
estructuras de poder, hay que matizar, en primer lugar, la diferenciación entre
los linajes que componen, al más puro estilo romano, el cuerpo de los
patricios, cuyo poder se centra en orquestar la estructura del entramado mundial
bajo la similitud del trabajo realizado por un arquitecto o constructor, y la
élite mundial propiamente dicha, entendiendo por tal concepto la cima del poder
financiero y económico unido a las familias reales, aristocráticas o aquellas
que ejercen el poder o tienen la suficiente influencia política para encargarse
de ejecutar las órdenes del mencionado constructor. Todo el entramado, no
funcionaría sin la organización de sociedades secretas, think tanks, grandes
firmas jurídicas o instituciones formales o informales y un seudomisticismo
como telón de fondo que aúne voluntades. Así las cosas, universidades como Yale,
centros como Chatham House o el CFR, firmas como Sullivan & Cromwell, reuniones
como las del Bohemian Club o Bilderberg, junto a sociedades como Skull &
Bones, no son sino ejemplos de la estructura de segundo o tercer nivel que
mueven los entramados de la operatividad jurídica, las órdenes ejecutivas de los
servicios de inteligencia, la actuación de los ejércitos o las agendas políticas
de ámbito estatal o doméstico.
La
Constitución de 1812, vio la luz un 19 de marzo, día ligado en el esoterismo al
símbolo del constructor, que usa la iluminación para crear un nuevo orden. Por su parte, la
Constitución del 6 de diciembre de 1978, está ligada a ese día no por
casualidad sino por su carga simbólica, como fecha en la que el velo entre los
mundos se atenúa para grabar en el alma de una nación las decisiones sociales y
políticas tomadas en ese momento. La fecha de entrada de España en la Unión
Europea, se firmó el 12 de junio de 1985, día marcado por el número 12, como elemento
constitutivo de las 12 estrellas de la bandera de la organización europea.
Curiosamente, el fin de la Primera Guerra Mundial, tuvo lugar gracias al
armisticio que puso fin a las hostilidades el día 11 de noviembre (mes 11) de
1918, firmado a las 11 horas de la mañana.
Lejos
de toda racionalidad, la magia, la superstición y los rituales, como el de la
inauguración del túnel de San Gotardo, habilitan y alimentan el mito bajo el
que se anuda el nudo gordiano del poder y su estructura mediática u oculta bajo
la sombra de la mera apariencia.
lunes, 19 de enero de 2026
Tensión
No estamos asistiendo a un aumento descontrolado de la
inestabilidad del tablero internacional, sino ante una demolición controlada
del viejo orden. El diseño del nuevo mundo, requiere de una previa destrucción
económica, acompañada de una fragmentación y polarización social extrema. El
fin último de la guerra no sólo consiste en articular un sostenimiento de la
estructura social, sino en reducir el número de la población mundial, y en
permitir el control sobre la soberanía de los recursos energéticos, los
minerales estratégicos o el suministro alimenticio. Por otra parte, el sistema
conduce de forma inequívoca a un feudalismo tecnocrático. La renta básica
universal, la identidad digital y la tokenización de la vida privada suponen el
fin del papel que ejercía el Estado, para dar paso a una nueva gobernanza
tecnológica de corte global. El conflicto de guerra total que se cierne sobre
el futuro más inmediato, hay que entenderlo como un proceso industrial, cuyo
propósito final no es otro que hacer que dos bloques choquen entre sí, uno
occidental y otro oriental. Desde la lógica de la dialéctica del conflicto, los
líderes mundiales ahora en aparente disputa, son la síntesis del Gran Reseteo,
cuyo propósito último no es buscar la paz sino la reestructuración del dominio
mundial, de modo que Trump no está luchando contra el Deep State o Putin contra
el globalismo, sino que ambos son la ruta establecida para llegar a un Gobierno
Mundial. Los dos, están implementando una infraestructura de control, dividido
en bloques regionales, uno euroasiático de influencia rusa y otro panamericano
de dominio norteamericano, como antesala de un gobierno único, y bajo el dogma
de una competencia gestionada, en el que una élite provee de material militar,
tecnología y créditos a ambos bandos. Estamos asistiendo a un enfrentamiento
controlado, donde se está imponiendo la eliminación de la deuda del viejo
mundo, la desaparición de la clase media o la aniquilación de la familia como
último reducto de independencia moral o económica. Trump no es ningún verso
suelto, como tampoco lo es Putin, sino que ambos están fragmentando el mundo e
implantando el control digital mediante la identidad digital vinculada al nuevo
dinero basado en las CBDC. El nuevo orden mundial es un sistema contable, una
infraestructura que mueve la realidad económica al servicio de una élite. Es la
farsa de la confrontación, como mecanismo para desarrollar la agenda impuesta
desde arriba. No existe una mano negra que controla el mundo, sino una hoja de
ruta financiera basada en la quiebra del sistema de deuda y la implantación de
un modelo de consumo programable, donde la conducta esté controlada bajo una
ruta manejada por la biopolítica y la geopolítca sumida en un caos gestionado
y, todo ello, en el contexto de un choque existencial entre dos facciones en
conflicto, el globalismo y el soberanismo, confrontados bajo un denominador
común, como es el factor espiritual o la lucha última por controlar el alma del
mundo.
jueves, 1 de enero de 2026
Ludwig Wittgenstein
Ludwig
Wittgenstein, habiendo nacido en una familia adinerada y tras haber completado
sus estudios de ingeniería, se entregó por entero a la investigación filosófica,
interesándose por la lógica y la filosofía del lenguaje. Estableció en su obra,
el Tractatus Logico-Philosophicus, escrita en las trincheras en
las que sirvió del lado del ejército austríaco durante la Primera Guerra
Mundial, y como máxima expresión de sus ideas, que los límites del lenguaje son
los límites del pensamiento. Tras la contienda, trabajó como maestro rural primero
y profesor después en la Universidad de Cambridge. La renuncia de su fortuna
familiar, el retiro en búsqueda de una sempiterna soledad desde la que extraer
su pensamiento y la constante entrega a la originalidad de la investigación,
convertirían con el tiempo al filósofo vienés en uno de los exponentes más
influyentes de la filosofía del siglo XX.