En
España se está conformando una coalición electoral bajo la denominación de
Frente Amplio de cara a las elecciones generales del 29 de noviembre. Este
espacio agrupa a formaciones situadas a la izquierda del PSOE, como Movimiento
Sumar, Izquierda Unida (IU), Más Madrid y los Comunes, además de sumar acuerdos
con Chunta Aragonesista o Nueva Canarias, bajo el liderazgo de la exalcaldesa
de Barcelona, Ada Colau, como candidata a la presidencia del Gobierno y cabeza
de lista. Las negociaciones y tensiones en la izquierda determinarán si a
última hora ingresará en las filas Podemos, en un escenario clave para
conformar el peso de la izquierda más radical en el Congreso.
Hispanoamérica ha constituido el nicho político de
creación de frentes amplios para alcanzar gobiernos de izquierda, principalmente
en las décadas de 1960 y 1970, frente a dictaduras militares o por la necesidad
de unir fuerzas. El pistoletazo de salida lo constituyó la creación del Frente
Amplio en Uruguay en 1971, que aglutinó a democristianos, socialistas,
comunistas y el resto proveniente de la escisión de los partidos tradicionales.
También ha servido como recurso el frenteamplismo cuando la izquierda se ha visto
debilitada precisamente por el fracaso de las administraciones en el poder de
corte progresista y la necesidad de frenar el avance de las fuerzas
conservadoras. El aumento del gasto público a un nivel de puesta en riesgo del
propio modelo económico del país, la excesiva presencia en el intervencionismo
estatal en el mercado, la presión fiscal y el alto endeudamiento, la
aniquilación de los contrapesos institucionales, el debilitamiento de la independencia
del poder público y la seguridad jurídica, el terrorismo y la polarización
social extrema, han constituido el pan nuestro de cada día de aquellos países
del cono sur americano que han visto como la recesión, la escasez de bienes de
primera necesidad o la inflación han mermado su calidad de vida. Si bien las
experiencias de esta índole han tenido un importante protagonismo en Chile,
Bolivia o Brasil, los casos paradigmáticos han sido desde luego Venezuela o
Nicaragua, cuyos regímenes seudodemocráticos asentados sobre principios de
justicia social o de la protección de los derechos de los más vulnerables, la
ampliación de los derechos civiles, el fortalecimiento del Estado del bienestar
y la soberanía nacional frente a la injerencia externa, no han hecho sino provocar
un cambio de ciclo político en la región a modo de un repunte conservador.