Si
la Comunidad de Madrid ondea la bandera española, adula a los cristianos y
enarbola la marca España como seña de identidad, al tiempo que se entrega a
intereses foráneos o desmantela los servicios públicos esenciales, como la
sanidad, bajo un capitalismo de entreguismo, el gobierno nacional levanta el
puño y canta la Internacional, a ritmo de sus socios, bajo el dictado de la
Agenda 2030 y un capitalismo de control, vendiendo los activos del país a
fondos de inversión de capital extranjero; “Tanto
monta, monta tanto, Isabel como Fernando”.
Si
bien todo esto no es nuevo, hace mucho tiempo que la desindustrialización y el
desmantelamiento de los sectores productivos de la economía es un hecho
consumado, ahora ha llegado el momento de vender los activos inmobiliarios de
la Iglesia y de terminar con uno de sus símbolos, el Valle de los Caídos.
La
desamortización de Mendizábal tuvo lugar durante el siglo XIX, bajo la práctica
de una política liberal, que expropió las propiedades eclesiásticas a precio
inferior de mercado, no para beneficio del pueblo, sino de intereses privados. El
arzobispado de Madrid, a través de diversas fundaciones, está llevando a cabo
la venta de edificios residenciales propiedad de la Iglesia a fondos de
inversión, operación inmobiliaria que ha terminado judicializada en los
tribunales en defensa de las familias afectadas, al tiempo que el foco
mediático ha desviado la atención y centrado su atención en la resignificación
de Cuelgamuros.