Uno
de los símbolos de las finanzas, es el edificio del Banco de Pagos
Internacionales con sede en Basilea, diseñado por Martin Burckhardt. Como banco
central de bancos centrales, está levantado del suelo con forma de una moderna
Torre de Babel. A simple vista, no dista de ser un simple rascacielos
brutalista, sin embargo, guarda una lectura mucho más hermética y esotérica, en
su similitud con las representaciones pictóricas, como la de Pieter Brueghel el
Viejo. En el mito bíblico, se narra el intento de construcción de una torre
para alcanzar a Dios y unificar a la humanidad bajo el habla de una sóla
lengua. Bajo el prisma del esoterismo, el edificio que alberga la sede del BPI
supone la tentativa de llevar a cabo la sustitución de esa lengua por una
unificación económica y monetaria, por encima de las fronteras nacionales y sus
correspondientes soberanías. Al ser una sede bancaria que se rige bajo el
privilegio de un estatus especial, similar a la Ciudad del Vaticano o la ONU, a
su interior no puede entrar la policía sin permiso. Simboliza un templo de la
alta finanza internacional, ubicado por encima de las reglas del mundo y, desde
cuyos despachos, se dictan las leyes que rigen la política monetaria, los
impuestos y la deuda perpetua que atenaza a los países. Su configuración
cilíndrica y panóptica, representa la perfección, la totalidad y el control, a
modo de un ojo que todo lo ve. Es una estructura racionalista que proyecta la
imagen del triunfo del algoritmo sobre la voluntad humana. Basilea, el lugar
físico donde se ubica, ha constituido tradicionalmente un centro alquímico y
geográfico, cruce fronterizo, en el que las naciones próximas al BPI proyectan bajo
su paraguas la imagen de su disolución en favor de una gobernanza global.