“Me
dirijo al Congreso en un momento sin precedentes en la historia de los Estados
Unidos. Empleo estas palabras porque en ningún otro momento la seguridad de los
Estados Unidos se ha visto tan amenazada desde el exterior como en el actual.
Las
luchas napoleónicas y la Gran Guerra no llegaron a representar más que una
pequeña amenaza para el porvenir de América. Sin embargo, en la actualidad un
país aspira a colocarse por encima de todos los demás. El pueblo norteamericano
se ha opuesto siempre a esto, pero la seguridad futura de nuestra nación y de
nuestra democracia están implicadas de manera ineludible en los acontecimientos
que se desarrollan a gran distancia de nuestras fronteras. La defensa armada de
la existencia democrática se está efectuando ahora valientemente en cuatro
continentes. Si esta defensa fracasa. toda la población y todos los recursos de
Europa, Asia, África y Australia serán dominados por los conquistadores.
Se
ha discutido mucho acerca de la. imposibilidad de una invasión directa a través
de los mares. Evidentemente, mientras la Marina británica conserve su potencia
ningún peligro de esa clase existe; incluso si la Marina británica no
existiera, es poco probable que el enemigo sea el que fuere, fuera lo
suficientemente estúpido para atacarnos desembarcando en los Estados Unidos a
través de miles de millas de océano antes de haber obtenido bases estratégicas
desde las cuales pudiera operar.
La
primera fase de la invasión en el hemisferio americano sería la ocupación por
agentes secretos y sus cómplices inocentes; y gran número de ellos se
encuentran ya aquí y en América Latina; de los puntos estratégicos necesarios.
Mientras los países agresores conserven la ofensiva, serán ellos y no nosotros
los que escogerán la hora, el lugar y el método de su ataque. Por este motivo
el porvenir de todas las repúblicas americanas está hoy en un serio peligro.
Tengo la convicción de que la justicia y la moralidad terminarán por vencer.
Mi
política se resume en tres conceptos. Primero: Como consecuencia de la
expresión de la voluntad pública, sin distinción de partidos, los Estados
Unidos han afrontado la tarea de llevar a cabo un programa comprensivo de
Defensa Nacional. Segundo: Como consecuencia de la misma expresión de la
opinión pública, los Estados Unidos se han comprometido a apoyar íntegramente a
todos aquellos pueblos resueltos que en cualquier parte resisten a la agresión
y la mantienen así alejada de este hemisferio. Tercero: Por los mismos, motivos
anteriormente enumerados, los Estados Unidos se han comprometido a mantener la
idea que los principios de moralidad y las consideraciones de su propia
seguridad no les permitirán jamás consentir en una paz dictada por los
agresores bajo la égida de los partidarios de la pacificación.
Para
recuperar el retraso en el programa de entrega de aviones terminados se trabaja
noche y día. Se activa al mismo tiempo la construcción de barcos de guerra y se
van a pedir nuevos créditos a fin de intensificar la fabricación de municiones
y de material suplementario que ha de ser entregado a las naciones en lucha con
los países agresores.
Nuestra
labor más útil es la de actuar en calidad de arsenal para ellos al mismo tiempo
que para nosotros. Estas naciones no tienen necesidad de recursos humanos, pero
sí necesitan miles de millones de dólares de armas de defensa. Se acerca el
momento en que no podrán ya pagarlas en especies contantes y sonantes. No
podemos y no queremos decirles que han de capitular a causa de su incapacidad
actual para pagar las armas que sabemos les son necesarias. No recomiendo que
les hagamos un empréstito en dólares para pagar esas armas, empréstito que
habría de ser reembolsado en dólares. Recomiendo que facilitemos a esas
naciones el seguir obteniendo materiales de guerra en los Estados Unidos
ajustando sus encargos a nuestro propio programa. Casi todo su material sería
útil para nuestra propia defensa en caso necesario. Por esto lo enviamos al
extranjero, que nos devolverá, dentro de un plazo razonable después del fin de
las hostilidades, materiales semejantes u otras mercancías, según nuestra
preferencia.
Digamos
a las democracias: “Nosotros, americanos, estamos totalmente en vuestra defensa
de la. Libertad. Os prestamos nuestras energías, recursos y potencia de
organización con el fin de daros la fuerza de volver a ganar la guerra y
mantener la libertad del mundo. Os enviaremos en cantidades cada vez mayores
barcos, aviones, carros de combate y cañones. Éste es nuestro objetivo y
nuestra promesa. En el cumplimiento de este fin no nos dejaremos intimidar por
las amenazas de los dictadores, que consideran como una infracción al Derecho
internacional y como un acto de guerra nuestra ayuda a las democracias que se
atreven a resistir a su agresión. Esta ayuda no es un acto de guerra, aunque un
dictador proclame unilateralmente que lo es. Cuando los dictadores estén
dispuestos a hacernos la guerra no esperarán a que realicemos por nuestra parte
un acto de guerra. No esperaron a que Noruega, Bélgica y los Países Bajos
cometieran un acto de guerra. Sólo se interesan por el Derecho internacional en
un sentido único y no recíproco en su observación y que, por lo tanto, se
convierte en un acto de opresión.
En
los días futuros, que pretendemos hacer seguros, esperamos ver un mundo
fundamentado en cuatro libertades humanas esenciales.
La
primera es la libertad de discurso y expresión, en cualquier sitio del mundo.
La
segunda es la libertad de cualquier persona para adorar a Dios a su propio
modo, en cualquier sitio del mundo.
La
tercera es la libertad de querer, que traducido en términos mundanos, significa
llegar a acuerdos económicos que aseguren a toda nación una vida en paz y con
salud para sus habitantes, en cualquier sitio del mundo.
El
cuarto es la libertad de miedo, que traducido en términos mundanos, significa
una reducción a nivel mundial de los armamentos hasta un punto y de una manera
tan concienzuda que ninguna nación estará en situación de cometer ningún acto
de agresión física contra ningún vecino, en cualquier sitio del mundo.
Esto
no es la visión de un milenio distante. Es una base definitiva para un mundo
posible en nuestro propio tiempo y generación. Ese tipo de mundo es la
antítesis del denominado nuevo orden de tiranía que los dictadores pretenden
crear a golpe de bombas.
A
ese nuevo orden oponemos una mayor concepción, el orden moral. Una buena
sociedad es capaz de afrontar esquemas de dominación mundial y revoluciones
extranjeras sin miedo.
Desde
el comienzo de nuestra historia americana hemos estado implicados en el cambio
a lo largo de una revolución perpetua, pacífica, una revolución que sigue
adelante sin parar, con tranquilidad, ajustándose a las condiciones cambiantes
sin el campo de concentración o cal viva en la fosa. El orden mundial que
queremos es la cooperación de países libres, trabajando juntos en una sociedad
civilizada y amistosa.
Esta
nación ha puesto su destino en las manos y las mentes y los corazones de sus
millones de hombres y mujeres libres, y su fe en la libertad bajo la guía de
Dios. La libertad implica la supremacía de los derechos humanos en todos lados.
Nuestro apoyo es para aquellos que luchan para obtener esos derechos y
mantenerlos. Nuestra fuerza es nuestra unidad de propósito.
A
ese gran concepto no le puede seguir otro final que no sea la victoria”.