sábado, 28 de febrero de 2026

“Esta maldita guerra de España". Napoleón


Honoré de Balzac, una de las más altas plumas de la literatura francesa, defenestró al monstruo revolucionario de 1789, y el consiguiente vacío moral que trajo consigo.

 Es todavía costumbre entre los liberales de salón, su cerrazón en considerar la Revolución Francesa como un mal que tuvo que suceder necesariamente para liquidar los valores absolutistas y eclesiásticos del Antiguo Régimen, causa y principio según ellos de todos los males pasados, presentes y futuros. Los afrancesados, ávidos de progreso y modernidad, siguen viendo el estallido del 2 de mayo de 1808 frente a aquel ejército invasor, que saqueaba iglesias y fusilaba civiles, como el momento exacto en el que España perdió la oportunidad de subirse al carro que trató de hacer germinar el espíritu de la Ilustración y el enciclopedismo, como elementos inequívocos de la cultura, la libertad, la modernidad, el progreso y el triunfo de la razón.

Balzac recogió meticulosamente y puso por escrito las frases más sobresalientes de Napoleón. En una de ellas, dejó constancia evidente de la total y absoluta falta interés y de intención alguna del general francés por exportar a España revolución alguna, ni principios ilustrados que pudieran valer o justificar una intervención militar. Nada más lejos de la realidad de principios, de su propio puño y letra, Bonaparte sentenció con pesar que casi nadie había entendido que la guerra de España, que terminó convirtiéndose en la úlcera de Napoleón, había sido en realidad su intento por dominar el Mediterráneo. La frase recoge una lógica geopolítica aplastante, expresada de primera mano por su autor, recogida por el escritor francés y reducida a la necesidad de contar con una plaza para hacerse con el control del Mediterráneo y asegurar el bloqueo continental contra la influencia británica. La Grande Armée, la herramienta que sirvió para redefinir el mapa de Europa, imbuida de la meritocracia revolucionaria y considerada la maquinaria más avanzada al servicio del genio napoleónico, consumió sus recursos y soldados para ser derrotada en el campo de batalla, por la resistencia del pueblo español en armas. Para Balzac, la Revolución de la libertad y el progreso, fue en definitiva el advenimiento de una burguesía cínica e individualista y carente de un orden sagrado, bajo cuyo dictado las palabras no valían nada y todo se compraba con dinero.