jueves, 26 de febrero de 2026

WWII


Lejos de la épica histórica convencional, no es imposible pensar que los dos bandos de la contienda mundial se encontraran bajo el área de influencia de la misma fuente de financiación, en una aproximación a la tesis de Sutton, en lo que el autor británico definió como "decisiones deliberadas de gestión de activos", y manipulados por intereses que pretendían la aniquilación física de Europa para traer un nuevo orden económico global, en el escenario posbélico de la reconstrucción posterior a la guerra. Guido Giacomo Preparata, en su libro "Conjuring Hitler", analiza el ascenso de Hitler al poder gracias a la colaboración de la élite financiera anglosajona. Por su parte, Charles Higham en su libro "Trading with the Enemy", documenta como el Chase Bank, la empresa Ford o la ITT norteamericana hacían suculentos negocios con los nazis, bajo la agónica carencia de combustible del ejército de Rommel.

A lo largo de la contienda mundial, el Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea, estuvo presidido por Thomas McKittrick, bajo cuyo mandato los banqueros del Tercer Reich y los Aliados se sentaron en la misma mesa de negociaciones en Suiza para gestionar, entre otros activos, el oro robado por el gobierno nacionalsocialista. Dicha actividad, garantizaba que, al margen del resultado de la guerra, el sistema financiero global siguiera funcionando y que, a través de una red de países neutrales, el material necesario para alimentar la guerra fluyera entre Alemania y Estados Unidos. En la lectura del intercambio de misivas entre Montagu Norman, Gobernador del Banco de Inglaterra, y Hjalmar Schacht, Presidente del Reichsbank, es posible traslucir esa clara influencia de una élite financiera que operaba al margen de la intervención de los gobiernos nacionales.