Lejos de la épica histórica convencional, no es
imposible pensar que los dos bandos de la contienda mundial se encontraran bajo
el área de influencia de la misma fuente de financiación, en una aproximación a
la tesis de Sutton, en lo que el autor británico definió como "decisiones
deliberadas de gestión de activos", y manipulados por intereses que
pretendían la aniquilación física de Europa para traer un nuevo orden económico
global, en el escenario posbélico de la reconstrucción posterior a la guerra. Guido
Giacomo Preparata, en su libro "Conjuring Hitler", analiza el ascenso
de Hitler al poder gracias a la colaboración de la élite financiera
anglosajona. Por su parte, Charles Higham en su libro "Trading with the
Enemy", documenta como el Chase Bank, la empresa Ford o la ITT
norteamericana hacían suculentos negocios con los nazis, bajo la agónica
carencia de combustible del ejército de Rommel.
A lo largo de la contienda mundial, el Banco de Pagos
Internacionales, con sede en Basilea, estuvo presidido por Thomas McKittrick,
bajo cuyo mandato los banqueros del Tercer Reich y los Aliados se sentaron en
la misma mesa de negociaciones en Suiza para gestionar, entre otros activos, el
oro robado por el gobierno nacionalsocialista. Dicha actividad, garantizaba
que, al margen del resultado de la guerra, el sistema financiero global
siguiera funcionando y que, a través de una red de países neutrales, el
material necesario para alimentar la guerra fluyera entre Alemania y Estados
Unidos. En la lectura del intercambio de misivas entre Montagu Norman,
Gobernador del Banco de Inglaterra, y Hjalmar Schacht, Presidente del
Reichsbank, es posible traslucir esa clara influencia de una élite financiera
que operaba al margen de la intervención de los gobiernos nacionales.