Los
campos de concentración nazis fueron no sólo centros de exterminio o trabajo, sino
auténticos laboratorios sociales que funcionaron como estaciones
experimentales, en las que se llevó a cabo de forma sistemática y rigurosamente
documentada la eliminación de la identidad, el vínculo familiar o social y la
ética con la finalidad de estudiar cuáles eran los límites del comportamiento,
la mente y el cuerpo humano. Para ello, se usó la interfaz de una ingeniería
social diseñada para quebrar la voluntad humana, estudiar el sistema de
vigilancia de los kapos sobre los prisioneros y los efectos del trauma como
mecanismo de dicho control. Las empresas químicas y farmacéuticas que
suministraron el material necesario para llevar a cabo semejante crimen, tenían
claros vínculos con la élite financiera, como IG Farben o la propia Fundación
Rockefeller encargada de la financiación de estudios de eugenesia antes de la
guerra en Alemania. John Marks, en su libro basado en
documentos desclasificados de la CIA “The Search for the Manchurian
Candidate", establece la conexión entre el proyecto MK-Ultra y los
experimentos de guerra. Stefan Kühl, en su obra "The Nazi
Connection: Eugenics, American Racism, and German National Socialism",
explica la existencia de una conexión directa entre la línea de financiación de
las élites científicas y financieras norteamericanas y la eugenesia nazi. Por
último, Cathy O'Brien en el libro "Trance-Formation of America", señala
el puente de conexión existente entre el trauma y las técnicas de control
mental derivadas de las aportaciones de los experimentos nazis. Tras la guerra,
se lanzó la Operación Paperclip, por la que se obligó a científicos alemanes a
trabajar a favor de los intereses de los Estados Unidos, convirtiendo los
estudios del trauma y la disociación en la base de proyectos posteriores de la
CIA, conocidos como MK-Ultra. Hubertus Strughold, fue el encargado en los
campos de concentración de supervisar los experimentos de hipoxia y congelación
en seres humanos. Sus hallazgos, sirvieron en la postguerra de base para el
posterior desarrollo de la medicina de la NASA y de las fuerzas aéreas de los
Estados Unidos. Kurt Blome, experto nazi en armas biológicas, trabajó de igual
forma para el Cuerpo Químico del Ejército de EE. UU., con base en Fort Detrick.
Sus logros en cómo propagar patógenos y el uso de sustancias químicas aplicadas
sobre la población indefensa, constituyó la primera piedra de programas de
control químico. Tom Bower, en su libro "The Paperclip
Conspiracy", relata el interés de los Estados Unidos por traer a científicos
de primer nivel alemanes para trabajar en sus programas de desarrollo. Martin
A. Lee, en su obra "Acid Dreams", estudia la conexión entre los
efectos del uso del LSD y la CIA, y cómo la élite ha empleado drogas
desarrolladas en laboratorios vinculados a la guerra con fines de control social
y de propaganda contracultural. Otros autores, sostienen que el Tesoro de
Estados Unidos ha sido la herramienta utilizada por la élite como arma de
guerra económica. En 1944, Henry Morgenthau Jr., en aquel entonces Secretario
del Tesoro de EE. UU., propuso realizar un experimento de desindustrialización
forzosa del país germano, para reducirlo a un estado de mera subsistencia
vital, después de haber sido la vanguardia de la ciencia y la tecnología,
destruyendo así la competencia económica de Europa frente a los intereses
financieros de la City y Wall Street.
De
toda esta fatal experiencia previa, hoy vemos que los vectores del colapso de
las sociedades modernas se basan en la aplicación práctica de una obra de
ingeniería social, ejecutada a través de un desabastecimiento programado provocado
por la ruptura de las cadenas de suministro que generan inflación y tensión
social derivada de la subida de los precios de los bienes de primera necesidad,
los apagones informativos consecuencia de la falta de credibilidad, los ataques
a infraestructuras críticas como el desabastecimiento de agua, los apagones
eléctricos o la falta del correcto funcionamiento de los transportes con la
finalidad de paralizar la vida cotidiana, y la fragmentación social, fruto del
alimento de conflictos provocados por la polarización extrema de la sociedad,
con la intención de agotar el esfuerzo de cualquier tipo de resistencia frente
a la implantación de la agenda oficial.