Medio siglo nos separa del año 1975, tiempo suficiente
como para no dejar a la Historia el análisis póstumo de un hecho que es ya algo
más que una mera evidencia. Si analizamos las dieciséis elecciones generales celebradas
o convocadas desde 1975, y sumamos el número total de atentados terroristas y
accidentes catastróficos que han repercutido a gran escala en el plano político
en plena campaña o precampaña electoral, nos encontramos con siete sucesos de
gran impacto nacional y, si al ámbito nacional, sumamos el panorama autonómico
y municipal, el cómputo de procesos electorales salpicados, condicionados o
golpeados por la tragedia sobrepasa ampliamente la decena, lo que demuestra
cómo la historia política española ha convivido de forma recurrente con
escenarios especialmente críticos en periodos de campaña. Más allá de la acción
terrorista o los accidentes catastróficos, los desastres meteorológicos o
sanitarios también han sido protagonistas e irrumpido con fuerza modificando el
curso normal de no pocas campañas no generales.
De todos esos acontecimientos, por no citarlos en su
totalidad, pero sí en aquellos casos más llamativos, podemos recordar el atentado
de 1979 en el que ETA asesinó a seis personas en fechas próximas a los
comicios. Semanas antes de las elecciones de 1982, la banda terrorista cometió
tres asesinatos y colocó artefactos explosivos en Bilbao. En las elecciones municipales
y autonómicas de 1995 tuvo lugar el brutal atentado contra el entonces líder de
la oposición, José María Aznar y el asesinato del concejal del PP en San
Sebastián, Gregorio Ordóñez. A escasos días del inicio de la campaña electoral,
los atentados del 11-M de 2004 trajeron consigo la subida al poder del régimen de
Zapatero. La muerte del
empresario Ignacio Uría asesinado en Azpeitia por su vinculación a las obras
del Tren de Alta Velocidad vasco salpicó la normalidad electoral en 2008. En las
elecciones municipales y autonómicas de 2011, sorprendidas por el terremoto de
Lorca, todos los partidos políticos de ámbito nacional suspendieron los actos
de campaña en señal de duelo y, para concluir, las elecciones autonómicas del
País Vasco y Galicia de 2020 se vieron suspendidas por la pandemia de COVID.
Ofensivas
de ETA, campañas de terror, asesinatos, tragedias meteorológicas, crisis
sanitarias y últimamente los accidentes ferroviarios han protagonizado la
suspensión de las campañas electorales, el cambio de rumbo político del país o
la llegada al poder de fuerzas políticas en un momento concreto descartadas de
la victoria electoral.
El
hundimiento del petrolero Prestige frente a las costas de Galicia en noviembre
de 2002 se convirtió en una de las crisis institucionales y medioambientales
más graves de la democracia que provocó un giro político y el surgimiento del movimiento
Nunca Máis. Una crisis ecológica que movilizó a la izquierda.
El
accidente del vuelo 5022 de Spanair en 2008 que causó 154 muertos generó una
tregua partidista, congeló la actividad política y reforzó a Zapatero
alejándolo de los efectos de la grave crisis económica que el Gobierno negaba.
El
descarrilamiento del tren Alvia en 2013 provocó 80 fallecidos. Fue la víspera
del Día de Galicia, una jornada de alta carga política y simbólica en la
región. Provocó el auge del discurso de Podemos y las mareas gallegas contra el
bipartidismo tradicional.
El
11 de marzo de 2004, tres días antes de las elecciones generales, una cadena de
atentados mató a 192 personas. Las encuestas previas otorgaban una victoria
clara de Rajoy. Sin embargo, la gestión informativa del Gobierno generó una
crisis de credibilidad que movilizó el voto de castigo masivo en menos de 48
horas. La participación subió de forma histórica y llevó a la Moncloa a José
Luis Rodríguez Zapatero, un candidato al que los sondeos daban por descartado.
Ante
la crisis, el electorado no solo juzga la situación de los partidos políticos o
del país en general, sino que empatiza con la gestión de una catástrofe que actúa
como un catalizador que acelera el desgaste de los gobiernos y beneficia de
forma inmediata a quienes sacan rédito electoral de la tragedia.