“No
es una religión, pero es por lo menos religiosa, no es una filosofía, pero es
por lo menos una visión del hombre y del mundo, así como una clave de
interpretación; no es una ciencia, pero se apoya en leyes científicas, aunque
haya que ir a buscarlas entre las estrellas. New Age es una nebulosa que
contiene esoterismo y ocultismo, pensamiento místico y mágico respecto a los
secretos de la vida, y una pizca de cristianismo, todo revuelto con ideas que
proceden de la astrofísica.” Cardenal Danneels.
En 1938, Orson Welles radia “La guerra de los mundos”, en
1947, un comercial de nombre Keneth Arnold realiza el primer dibujo de un
platillo volante, apenas unos días después se estrella en Roswell el primer
objeto volante no identificado, dando lugar al nacimiento de la ufología
moderna. En 1954, el Libro Azul recoge más de tres mil casos documentados y en
1961 un matrimonio, Betty y Barrey Hill, testimonian el primer caso de
abducción. Al mismo tiempo, en 1967 Erich Von Däniken escribe “Recuerdos del
futuro”, originando la teoría de los alienígenas ancestrales y todo acompañado
de una saga cinematográfica de ciencia-ficción que recoge títulos como “2001
una Odisea en el espacio”, “La Guerra de las Galaxias”, “Brazil”, “Forbiden
Planet” o “The Incredible Shrinking Man”, antes de “Blade Runner”, “Alien”,
“ET”, “Encuentros en la tercera fase” o “Terminator”.
A raíz del caso Roswell, las naves espaciales y cuerpos
ocultos en áreas subterráneas secretas, se confunden con los hombres de negro y
programas gubernamentales de desinformación. Si a todo este conglomerado de un
repentino despertar alienígena, que explicaría el origen de la humanidad, se
añaden otra serie de elementos como la meditación, la reencarnación, todo tipo
de trabajos o terapias con energías o cualquier otro elemento; sincronías,
enteógenos y propiedades de mentes mágicas; se llega a una nueva seudoreligión
de merchandising, cuyo propósito no es otro que el descristianizador.
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